
La prevaricación, también conocida como prevaricato, es un delito que ocurre cuando una autoridad, juez u otro servidor público dicta una resolución arbitraria en un asunto administrativo o judicial, a sabiendas de que dicha decisión es injusta y contraria a la ley.
El árbitro de un partido de futbol, también llamado juez, es el encargado de la aplicación del reglamento. Cuida que se cumplan las normas que regulan el juego, las que debe conocer, respetar y hacer respetar durante el partido. El VAR, como sistema de videoarbitraje, debe ser soporte del árbitro, y estar atento a posibles errores de este, respecto a las normas que aplican al juego. Quienes componen el VAR también son jueces.
¿Podemos considerar que los jueces de un partido de fútbol pueden cometer prevaricato? En términos legales, no, ya que no son servidores públicos. Qué pena, porque en el superclásico de ayer, el VAR, encabezado por un confeso hincha de boca, tomó la resolución de obviar una falta grave en el área a favor de nuestro club. Y podemos decir, sin temor a equivocarnos, que dicha resolución es claramente contraria a la ley.
Debería existir la figura del prevaricato en el arbitraje y darle el carácter de delito a ser juzgado. Porque el adversario nos ganaba por la mínima diferencia y ese penal cambiaba la historia. No se le puede hacer eso a un hincha, no se le puede quitar a un hincha el derecho a la ilusión hasta el último minuto de juego. Si los hinchas respetamos las reglas ¿por qué no los árbitros?
Como siempre el hincha, el que todo lo sostiene, es el más olvidado. Respetamos las reglas del folclore, las chicanas con otros hinchas, nos manifestamos en concurrencia y cánticos, en acompañamiento y emociones. Esfuerzo y pasión, horas de cortar papelitos, heridos de un momento a otro, por una decisión arbitral equivocada. Totalmente inmerecido.
Aún así, estamos de pie, y superaremos esta frustración. Y una cosa no tapa a la otra: el desempeño de nuestros jugadores no fue lo esperado, pero este es un asunto privado que resolveremos entre nosotros. El problema del arbitraje es público y nos afecta a todos.
Vamos por más!
