SOMOS DIFERENTES

Causa un poco de gracia ver el esfuerzo de algunos periodistas deportivos para instalar un “relato” (respecto del club de la mitad menos unos cuantos), que intenta convertir en virtud, actitudes de juego que muy lejos están de serlo.

Se los ve hacer su editorial, concentrados, circunspectos, se nota que tuvieron que romperse la cabeza para lograr construir una ficción heroica en base a una realidad bastante pobre, deportivamente hablando.

Elogian el llegar a una final sin ganar un solo partido como una epopeya comparable con la del Rey Leónidas y los 300.

Elogian el hacer tiempo como un recurso digno, dándole un toque de genialidad. Y no hablamos de hacer tiempo jugando, tocando la pelota, defendiendo. Hablamos de hacer tiempo porque una brisa provocada por un roce con el rival los derribó provocando tumbos interminables, en una actuación merecedora del Oscar. Pueden revolcarse de un arco a otro, sin vergüenza, frente a la atónita mirada del equipo contrario.

Y lo peor, estos periodistas, ensalzan la actitud de burlar al rival, de provocarlo, haciendo apología del juego sucio, en un intento de transformarlo en vuelo deportivo. Maravilloso, dicen, a ese jugador lo quiero en mi equipo… Nooooo, a ese jugador aún tan joven, es importante enseñarle que respetar al rival te hace mejor deportista, y mejor persona.

En fin, si, somos diferentes.

Nada de esto nos representa.

Nuestro relato lo construyen las 86000 almas que, cada partido, van al Monumental a alentar al equipo. Y los que se suman desde todas partes del mundo, acompañando, siempre, como si fuéramos un solo cuerpo, como ese jugador más que somos. Con la grandeza que nos caracteriza.

Nuestro relato lo construyen los jugadores, mostrando su juego en la cancha, respetando al rival y ajustándose a las reglas.

No necesitamos relatos ajenos construidos en los medios de comunicación.

SI, SOMOS DIFERENTES.

SI, SOMOS LA MEJOR HINCHADA DEL MUNDO.

SI, SOMOS RIVER PLATE.

concentrados en nosotros

Es muy difícil, a veces, no mirar lo que hace el vecino. Mucho más si tenemos alguna rivalidad, por cualquier razón que sea.

Aquello que deseamos conseguir con todo nuestro ser y, resulta que el vecino lo alcanza, y a nosotros nos toca esperar. Porque no hicimos las cosas muy bien, porque la suerte se fue con el vecino, por lo que fuere.

Entonces surge la bronca, el enojo y eso se transforma en dolor y el dolor en sufrimiento. Y el sufrimiento en detención porque nos olvidamos de nuestro proyecto, de seguir trabajando en él, de las otras metas a conseguir, también importantes para darle sentido a nuestra existencia. Para construir un camino distinto al del vecino. Porque somos diferentes, tenemos otra forma de llegar.

Nos olvidamos de todo por mirar lo que hacen los otros, tomados por emociones negativas que no le hacen daño más que a nosotros mismos.

Hay cuestiones que son inevitables, no podemos no mirar. Pero sí podemos darle menos tiempo, menos lugar y menos importancia al rival innombrable y volver rápidamente a enfocarnos en lo nuestro. Porque nadie puede hacer nuestra parte por nosotros.

No podemos meternos en la mente del otro para forzar una equivocación, pero si podemos trabajar en nuestra mente para alcanzar los objetivos que nos propusimos.

Como hinchada nuestra mente es poderosa y es un jugador más que NO puede jugar en contra de si mismo, de su propio club, de su propio equipo. Entonces pongamos nuestra energía en superar los obstáculos, dejarlos atrás, y avanzar decididos, confiados y alegres hacia nuestros objetivos.

Además nosotros…

(continua posteo anterior)

No transamos con la oscuridad.

No vibramos con los grises.

No hacemos pactos con el diablo (magias de todo tipo).

Construimos nuestro destino y aceptamos si el resultado no es acorde a nuestro esfuerzo.

Somos Obi Wan Kenobi, estamos del lado de la luz.

Siempre.

Tiempo de comparaciones

Las comparaciones son odiosas, porque somos incomparables en nuestra individualidad. Cada uno de nosotros tiene eso que lo hace único e irrepetible.

Pero si hablamos de grupos, comunidades, o, como lo llamo, nuestra mente colectiva, podemos destacar eso que hace que seamos tan distintos en comparación con otros.

Desde siempre me llamó la atención las diferencias entre los hinchas de River Plate y los del rival innombrable. Por supuesto que estoy generalizando, pero tengo una estadística personal que avala mis dichos. Basta focalizarse en el periodismo deportivo adepto a nuestro club y los del otro, para que, en algunos casos, estas diferencias se hagan notables. Y ni hablemos de jugadores y técnicos, las diferencias ya son abismales.

¿Cómo somos?

  • Humildes
  • Transparentes y honestos
  • Sabemos perder
  • Sabemos ganar
  • Tenemos aguante, en las buenas y en las malas
  • Respetamos, acompañamos y sostenemos
  • Tenemos dignidad, somos éticos.
  • Jugamos y vivimos con grandeza
  • Recto vivir. Recto pensar. Recto actuar.

¿Cómo son ellos?

  • Soberbios y arrogantes
  • Mentirosos, delirantes
  • Perdedores
  • Hacen bullyng para sentirse victoriosos
  • Se retiran antes de los 90 minutos
  • Irrespetuosos, egoístas y escapistas
  • Provocadores, agresivos y peleadores.
  • Grandeza? Qué es eso?
  • El recto es eso que está al final de los intestinos.

Hay excepciones, sino no habría regla. Y de ambos lados, hay que reconocerlo. Pero en nuestro caso, siempre habrá un hincha que hará reflexionar a aquel que destiñe un poco.

Esta gran diferencia se puede resumir en una sola palabra: consciencia. Consciencia= darse cuenta. Ver un poco más allá del espacio que nos rodea.

Somos más conscientes, mas perceptivos, mas analíticos, mas inteligentes.

Y por eso somos… ¡la mejor hinchada del mundo!

Unidos triunfaremos (desparramados… ¿Qué hacemos?)

Se viene el clásico, y tenemos que pensar como jugamos como hinchada.

Nuestra mente colectiva debe hacerse aún más grande, mas fuerte, mas convencida.

Sin dudas somos un mar de emociones. Cada uno con lo suyo, algunos esperando, palpitando, transpirando; otros confiados y tranquilos. Otros elevando al cielo sus plegarias para que ilumine al técnico y al equipo. Y otros también temerosos, esperando lo peor, porque es difícil soportar la etapa de incertidumbre que venimos atravesando, y, cuyos responsables, deberían dejar atrás, para unirse y salir a la cancha como un solo cuerpo.

Aún así, hagamos nuestra parte. Unámonos también en una sola mente, en una sola emoción. Juguemos nuestro partido. Que todo sea rojo y blanco, que todo sea River Plate, que todo sea alegría. Sin miedos, porque la energía del miedo tiñe todo rápidamente. Con confianza. Con grandeza. Sin que nos importe el adversario, primero nuestro equipo, después todo lo demás.

Nuestra mente colectiva

Sostengo la teoría que, entre todos, conformamos una gran mente colectiva. Y esa mente se alimenta de todos nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, que nos despierta el club de nuestros amores.

Cada uno aporta lo suyo. Pero si algo es claro, es que las emociones negativas pueden tener la capacidad de teñirlo todo. Piensen en un grupo de amigos, todos contentos hablando de sus vidas, de sus proyectos, y viene ese amigo amargo, siempre negativo, que no puede ver nada bueno de la vida. ¿Y qué pasa? Alguno se empieza a preocupar por él, intenta cambiarle la onda, pero poco a poco se van contagiando… silencio, densidad, algo se va tornando oscuro.

Las emociones negativas son un peligro para la mente de este colectivo riverplatense. Son contagiosas. El miedo a perder es terrible, nos convierte en perdedores antes de jugar. Otra cosa es saber perder, aceptar una derrota porque es imposible siempre ganar. Pero hay derrotas que se sustentan en el miedo, y hay derrotas que tienen mas que ver con lo que tiene que pasar, el destino o la suerte. Muchas veces el resultado no tiene nada que ver con el juego.

Por eso, alimentemos esta mente con el deseo de ser grandes, mas allá del resultado. Con el deseo de ser dignos de esta camiseta. Con el deseo de ser respetables, éticos, justos. Eso nos convertirá como hinchas en ganadores, y eso es lo que le transmitiremos a nuestros jugadores, técnicos y dirigentes.

Primero el club, después…

Los Hinchas!!!! Y después todo lo demás.

¿Por qué? Porque los hinchas somos el alma del club, el corazón que lo hace latir, la sangre que lo alimenta, el aire que lo oxigena.

Sin hinchas no hay club. No importa si somos uno, diez o 100.000, somos quienes ponemos el cuerpo, la pasión, la emoción, quienes sufrimos y nos alegramos.

Somos los que empujan y reclaman. Los que sostienen en el tiempo, generación tras generación, a través de una transmisión profunda y arraigada. De abuelos y abuelas a nietos, de tías y tíos a sobrinos, de padres y madres a hijos. Todos familia, todos hermanados por los colores que nos representan.

A la gran hinchada riverplatense Salud! Por su lucha, constancia, por los laureles que supimos conseguir y por las derrotas que supimos soportar. Sin gas pimienta, sin chicanas y con la frente tan alta como siempre.