El juego de las emociones

Sostengo que los hinchas somos como niños, nos dejamos llevar por el mar de las emociones descartando todo análisis razonable. Van y vienen los tsunamis arrasando con todo, sumergiéndonos en la ambivalencia afectiva, del amor al odio ida y vuelta sin solución de continuidad.

Asi un día el Diablito era la joya más prometedora del club y de pronto, apenas unos segundos bastaron, para mandarlo a cortar el pasto a Ezeiza. Y de llorar todos con la despedida de Enzo a condenarlo por alta traición si se va a jugar a Estudiantes de la Plata.

A todo esto, sumamos la búsqueda de culpables, porque siempre tiene que haber un culpable de nuestros vaivenes emocionales. Siempre es el otro, la dirigencia (que elige el socio), el cuerpo técnico, los jugadores. Como los niños, ni idea de lo que es la responsabilidad de nuestra elección, de nuestro vínculo afectivo con el club.

La responsabilidad de ser hinchas… ¿qué sería eso? Pues HACERSE CARGO de todo lo que implica.

Hacernos cargo de este vínculo amoroso, que como todo vínculo tiene sus altos, sus bajos, sus éxitos y sus crisis.

Hacernos cargo que no todas las etapas pueden ser iguales. Que los cambios hay que afrontarlos, porque no hay evolución sin cambios.

Hacernos cargo que perder, forma parte del juego. También las pérdidas de aquellos que fueron nuestros ídolos y eligieron irse.

Hacernos cargo de que el club no puede salvarnos siempre de nuestros problemas cotidianos.

Hacernos cargo que buscar culpables en el fondo no alivia, nos empantana. Otra cosa es pedir que cada actor en este juego asuma sus responsabilidades.

Hacernos cargo también de la felicidad que nos ha brindado este vínculo amoroso, que no todo son piedras en el camino, también disfrutamos de los buenos momentos que pueden llegar a ser gloriosos.

La vida continúa hacia el futuro.

Hagámonos cargo. Vayamos por más.