
Y si, se lesionó el Pity y nos lesionamos un poco todos el corazón.
Reconozco que al recibir la noticia me ganó el egoísmo, pensé en la mala suerte que tenemos, en qué medida esto perjudica los objetivos propuestos, si hará falta un refuerzo… hasta que pensé en el jugador y el momento difícil que estaría atravesando. Y también el equipo, ya que todo lo que afecta al ambiente que los rodea, afecta a los futbolistas.
Me pregunto que proceso debe enfrentar un jugador que sufre una lesión que lo deja fuera de las canchas medio año. En medio de una pretemporada importante, esperada, y declarando, apenas unos días antes, su ilusión de ganar su tercera copa libertadores con el club.
Me pregunto si cada lesión es un pequeño duelo, porque implica una pérdida, momentánea, las lesiones se recuperan, pero pérdida al fin. Entonces hay que hacer un trabajo de duelo.
En principio la pérdida que se enfrenta es la de una condición, la aptitud para realizar una tarea. Ya no está apto para jugar al futbol en este caso, por el tiempo que indiquen los médicos.
Si seguimos las etapas del duelo lo primero que surgiría frente a la noticia es la negación, como mecanismo de defensa, ya que nos da el tiempo para acomodarnos a la nueva realidad. Frases como “no puede ser”, “esto no me está pasando”, acuden en nuestra ayuda para calmar la revolución de emociones que nos inunda. Una vez que asimilamos la situación, la segunda etapa sería la ira, el enojo con lo que me pasa porque implica una gran frustración, ya que nadie puede cambiar esa realidad, nos embarga un gran sentimiento de injusticia, confrontamos con nuestra mala suerte. Después de una breve etapa de negociación con esta realidad que no quiero, vendría la etapa de depresión, reconocemos que no hay otra posibilidad y nos sumergimos en un bajón emocional, una fuerte tristeza porque la rutina ya cambia, no habrá entrenamiento, deberé enfrentar otras cosas, operaciones, rehabilitación, etc.
Hasta que finalmente llegaría la aceptación, acepto y asumo esto como lo que es y lo enfrento con la misma responsabilidad y garra con la que salgo a la cancha a jugar cada partido, con la que entreno para conseguir los objetivos.
Estas son solo hipótesis a las que arribo pensando que detrás de cada jugador hay un ser humano, aunque a veces se los trate como objetos de intercambio, en cuanto a su valor económico, su rendimiento o su capacidad.
Y como hinchas no tendríamos que perder esto de vista, porque para ello están los empresarios, las sociedades anónimas, los representantes, los poderosos.
Los hinchas nos dejamos llevar por el corazón, no perdamos eso en tiempos donde el amor queda cada vez más excluido de todo.
¡¡Fuerza Pity!!
