Encaprichados

El camino del justo medio.

Qué difícil es encontrarlo, pero vale la pena el esfuerzo, porque los problemas, los sufrimientos, los conflictos, siempre habitan en los extremos. O la falta, o el exceso, siempre terminan siendo el caldo de cultivo de los dolores de la vida.

Nuestro querido Barco cometió un exceso, terminó a la deriva y era necesario que el DT lo condujera a buen puerto para volver a zarpar. Creo que Demichelis conoce mucho sobre la psicología del jugador, hizo una buena lectura de la situación y tomo las decisiones que correspondían teniendo en cuenta, entre otras cosas, la emocionalidad del momento.

No es tarea fácil. Le pedimos a los jugadores personalidad, fortaleza yoica, velocidad de reacción, amor propio, carácter, y al mismo tiempo humildad, compañerismo, conciencia de equipo, cero ego. Lograr un equilibrio entre todos estos aspectos es, muchas veces, un don, algo innato, o algo que se adquiere con el tiempo, con la experiencia y aprendiendo de los errores. Quiero decir con esto que no es algo que alguien pueda enseñar, el único docente acá es la vida misma. Si el jugador sabe aprovechar esta experiencia, seguramente dará un paso más hacia el tan ansiado equilibrio.

Como hinchas nos enojamos porque podrían haber sido tres puntos, seguramente, si se ejecutaba correctamente ese penal. Nunca podremos saberlo. Pero si podemos saber que tendremos un mejor jugador en nuestro equipo a partir de este error cometido si sabe aprehender lo vivido. La sanción del DT fue necesaria para que esto ocurra, mas que signo de autoridad, para el crecimiento del jugador y, por consiguiente, del equipo. Un buen líder también tiene que saber encontrar ese equilibrio entre carácter y humildad.

Confiemos en nuestro equipo, en ese plus que siempre hizo de River el mejor equipo de Argentina.

Te queremos Esequiel!

¡Vamos por mas!

Lesionados

Y si, se lesionó el Pity y nos lesionamos un poco todos el corazón.

Reconozco que al recibir la noticia me ganó el egoísmo, pensé en la mala suerte que tenemos, en qué medida esto perjudica los objetivos propuestos, si hará falta un refuerzo… hasta que pensé en el jugador y el momento difícil que estaría atravesando. Y también el equipo, ya que todo lo que afecta al ambiente que los rodea, afecta a los futbolistas.

Me pregunto que proceso debe enfrentar un jugador que sufre una lesión que lo deja fuera de las canchas medio año. En medio de una pretemporada importante, esperada, y declarando, apenas unos días antes, su ilusión de ganar su tercera copa libertadores con el club.

Me pregunto si cada lesión es un pequeño duelo, porque implica una pérdida, momentánea, las lesiones se recuperan, pero pérdida al fin. Entonces hay que hacer un trabajo de duelo.

En principio la pérdida que se enfrenta es la de una condición, la aptitud para realizar una tarea. Ya no está apto para jugar al futbol en este caso, por el tiempo que indiquen los médicos.

Si seguimos las etapas del duelo lo primero que surgiría frente a la noticia es la negación, como mecanismo de defensa, ya que nos da el tiempo para acomodarnos a la nueva realidad. Frases como “no puede ser”, “esto no me está pasando”, acuden en nuestra ayuda para calmar la revolución de emociones que nos inunda. Una vez que asimilamos la situación, la segunda etapa sería la ira, el enojo con lo que me pasa porque implica una gran frustración, ya que nadie puede cambiar esa realidad, nos embarga un gran sentimiento de injusticia, confrontamos con nuestra mala suerte. Después de una breve etapa de negociación con esta realidad que no quiero, vendría la etapa de depresión, reconocemos que no hay otra posibilidad y nos sumergimos en un bajón emocional, una fuerte tristeza porque la rutina ya cambia, no habrá entrenamiento, deberé enfrentar otras cosas, operaciones, rehabilitación, etc.

Hasta que finalmente llegaría la aceptación, acepto y asumo esto como lo que es y lo enfrento con la misma responsabilidad y garra con la que salgo a la cancha a jugar cada partido, con la que entreno para conseguir los objetivos.

Estas son solo hipótesis a las que arribo pensando que detrás de cada jugador hay un ser humano, aunque a veces se los trate como objetos de intercambio, en cuanto a su valor económico, su rendimiento o su capacidad.

Y como hinchas no tendríamos que perder esto de vista, porque para ello están los empresarios, las sociedades anónimas, los representantes, los poderosos.

Los hinchas nos dejamos llevar por el corazón, no perdamos eso en tiempos donde el amor queda cada vez más excluido de todo.

¡¡Fuerza Pity!!

El juego de las emociones

Sostengo que los hinchas somos como niños, nos dejamos llevar por el mar de las emociones descartando todo análisis razonable. Van y vienen los tsunamis arrasando con todo, sumergiéndonos en la ambivalencia afectiva, del amor al odio ida y vuelta sin solución de continuidad.

Asi un día el Diablito era la joya más prometedora del club y de pronto, apenas unos segundos bastaron, para mandarlo a cortar el pasto a Ezeiza. Y de llorar todos con la despedida de Enzo a condenarlo por alta traición si se va a jugar a Estudiantes de la Plata.

A todo esto, sumamos la búsqueda de culpables, porque siempre tiene que haber un culpable de nuestros vaivenes emocionales. Siempre es el otro, la dirigencia (que elige el socio), el cuerpo técnico, los jugadores. Como los niños, ni idea de lo que es la responsabilidad de nuestra elección, de nuestro vínculo afectivo con el club.

La responsabilidad de ser hinchas… ¿qué sería eso? Pues HACERSE CARGO de todo lo que implica.

Hacernos cargo de este vínculo amoroso, que como todo vínculo tiene sus altos, sus bajos, sus éxitos y sus crisis.

Hacernos cargo que no todas las etapas pueden ser iguales. Que los cambios hay que afrontarlos, porque no hay evolución sin cambios.

Hacernos cargo que perder, forma parte del juego. También las pérdidas de aquellos que fueron nuestros ídolos y eligieron irse.

Hacernos cargo de que el club no puede salvarnos siempre de nuestros problemas cotidianos.

Hacernos cargo que buscar culpables en el fondo no alivia, nos empantana. Otra cosa es pedir que cada actor en este juego asuma sus responsabilidades.

Hacernos cargo también de la felicidad que nos ha brindado este vínculo amoroso, que no todo son piedras en el camino, también disfrutamos de los buenos momentos que pueden llegar a ser gloriosos.

La vida continúa hacia el futuro.

Hagámonos cargo. Vayamos por más.

Futbol evolutivo

Como dice Jean Piaget, el niño no es un “pequeño adulto”. La evolución mental del niño y del adolescente se puede pensar como la construcción de un gran edificio, ladrillo sobre ladrillo, a través de distintas etapas evolutivas, que se van superando una vez alcanzado un equilibrio en cada una de ellas.

Asi, en cada etapa, se van adquiriendo habilidades en un proceso que, si bien depende de cada individuo, concluiría en la adolescencia, habiendo alcanzado ya el potencial para iniciar la vida adulta. Establecer el fin de la adolescencia en una edad determinada es un poco difícil y tiene que ver con el momento de la vida que llamamos “salida al mundo”, es decir, dejar la protección del ambiente familiar y escolar, para enfrentar las responsabilidades del mundo adulto solos, ya sea en la búsqueda del sustento propio mediante un trabajo o en el inicio de un estudio superior. Si el proceso está concluido, podremos afrontar esta nueva etapa.

Esto es lo que dice la teoría, por supuesto que dependerá de cada niño, de las circunstancias y ambiente que rodean su crecimiento, de su historia previa y del bagaje genético y afectivo de su entorno adulto. La herencia cuenta, no solo con relación al ADN sino también en cuanto a los conflictos familiares que le son transmitidos.

En esta semana se cargaron mucho las tintas sobre las declaraciones del Diablito Echeverri. Mucho se hablo de lo que dijo, pero poco sobre cómo lo dijo. La espontaneidad y la inocencia se dejaban ver claramente en sus expresiones. Estaba tan feliz con el hecho de haber sido titular y ganar la copa, que habló con una naturalidad envidiable, digna de un niño, sin cálculos ni previsiones sobre posibles consecuencias. Pero el mundo adulto, que no siempre tiene respeto por el proceso evolutivo de un adolescente, le abrió sus puertas de golpe, mostrándole crudamente una realidad de la que estaba siendo protegido para enfrentarla a su debido tiempo. Esto que tanto se menciona de “llevarlo de a poco” obedece  a eso, a que esa salida al mundo lo encuentre preparado mentalmente, aunque en cuanto a su capacidad de juego ya estuviera para brillar en primera.

Se aceleró el proceso, y no tengo dudas que el Diablito sabrá enfrentarlo. Estas cosas pasan, suelen presentarse situaciones que nos hacen crecer de golpe y la vida del deportista de elite no es nada fácil, están por lo general expuestos a quemar etapas.

Es importante que el club tome nota de esto y considere el desarrollo mental de un jugador desde sus primeras etapas tan importante como el desarrollo físico y de destreza en el juego.

Y nosotros como hinchas podríamos dejar de pretender que el club de nuestros amores nos alivie todo el tiempo de nuestras frustraciones y miserias cotidianas. Hay que saber ganar y hay que saber perder sin sumergirnos en la búsqueda de culpables que nos rescaten emocionalmente.

Respeto y coherencia son buenos aliados para ello.

Tiempos de ansiedad generalizada

Un síntoma que caracteriza los trastornos de ansiedad es la preocupación, una preocupación constante y difícil de controlar.

Pre-ocupación, ocuparnos anticipadamente, de algo que todavía no sucedió, que podría pasar, pero también no, adelantarnos en el tiempo a los hechos, lo cual es una empresa imposible. Por eso también se dice que la ansiedad es un “exceso de futuro”.

Estamos constantemente adelantándonos: despedimos a Enzo Perez en el partido contra Huracán cuando el jugador no había comunicado, ni aún lo hace estando casi a fin de año, su decisión de quedarse o irse del club. Lo despedimos y hay un 50% de posibilidades de que se quede. Y ahora resulta que el diablito Echeverri se va al Barcelona, cuando no hay ninguna comunicación oficial que sostenga esto. En esto de ser periodistas del futuro, nos olvidamos de que la vida se construye hoy.

Entonces vivimos preocupados, si se va un jugador hay que pensar en quien va a reemplazarlo, y si el diablito no firma la dirigencia tiene que renunciar e irse por ineptos. Y asi vamos alimentando también las fake news. Junto con la ansiedad se va también la verdad, la perdemos de vista.

Palabras como paciencia, tolerancia, espera, consideración, van desapareciendo de nuestros diccionarios. Y son reemplazadas por apuro, aceleración, anticipación, intolerancia.

El tiempo, al menos en la dimensión que vivimos, es lineal e implacable. Sigue su curso. Los procesos son procesos, se extienden necesariamente en el tiempo, no pueden empezar y concluir en el mismo instante.

Tendríamos que poder darnos tiempo, pero a nosotros mismos. Tal vez no se trata de darle tiempo al otro para que decida, para que demuestre, para que nos complazca. Se trata de darnos el tiempo necesario para respetar los procesos, propios y ajenos. Y hasta, quien diría, podría ser el mejor remedio para la ansiedad.

Penar Penales

Un penal es una sanción que surge como consecuencia de una falta, una infracción que debe ser sancionada para mantener la igualdad en el juego. Si esta bien cobrado es hacer justicia, ya que es la pena máxima que recibe un equipo por evitar un gol del adversario dentro del área, de maneras no aceptadas por el juego.

Pero cuando se trata de una definición, después de un buen partido, donde los equipos jugaron respetando las reglas, los penales tienen otro valor, su simbolismo cambia. Ya no es la sanción justa por una falta… ¿qué es entonces?

Su valor simbólico dependerá de cómo lo vive cada equipo, y me atrevería a decir, cada hinchada. Para algunos será una gran oportunidad de ganar el juego, pero para otros, tal vez, pueda seguir siendo una sanción, o hasta un castigo, por no ganar en los 90 minutos. Y también el reflejo de una gran frustración por el mismo motivo. En definitiva, algo que ya no forma parte del juego.

En la semifinal contra Rosario Central me pareció percibir frustración en el rostro de los pateadores riverplatenses. Si intento hacer una lectura de esa frustración, me atrevo a aventurar algunas posibilidades: pusieron todo en los noventa para ganar y, al no lograrlo, la frustración ya los encaminó vencidos al punto penal. Lo siguen considerando una sanción, pero por no haber ganado como ellos se lo habían propuesto. En cambio, el rival que resistió, que no jugó en el mismo nivel pero logro aguantar, llego a esa instancia ya victorioso, porque alcanzó su propósito defensivo. Sabemos que en la liga local nadie sale a jugarle de igual a igual a River, reconociendo en ese acto, su superioridad. Ganarle a River es el mayor logro que pueden alcanzar muchos equipos en Argentina.

En cambio para River, que siempre busca superarse, ir por más, es inaceptable llegar a la instancia de los penales como definición. Mucho más cuando el clásico rival solo alcanza títulos por esa via.

A nivel simbólico, a nivel de las representaciones de algo en nuestro psiquismo, la definición por penales tiene un peso importante para nosotros, que va más allá de los jugadores o el DT de turno. Perder las definiciones por penales es una repetición en la historia de River, a tal punto, que los hinchas ya nos predisponemos negativamente frente a esa circunstancia.  Y que al menos 350.000 mentes pensemos al mismo tiempo “ya está, perdemos” o “no pasamos”, no es poca cosa. Es algo que nos afecta a todos, pero el peso cae sobre esos jugadores que están parados allí frente al arquero rival.

Creo que hay que trabajar decididamente en este punto, y no se trata solo de practicar tiros penales en el entrenamiento, cosa que se hace como dijo nuestro actual DT. El principal trabajo por realizar es intentar cambiar el simbolismo que tienen las definiciones por penales para nuestro club. Dejar de verlas como una catástrofe, como una frustración, para empezar a verlas como parte del juego y como una posibilidad más de GANAR. Aunque no sea nuestro estilo.

Sabemos que a River le gusta ganar jugando, esa es su impronta, eso manda nuestro escudo. Pero la definición por penales forma parte del juego, no es algo aparte.

Y en esto también tenemos que trabajar nosotros como hinchada en nuestra mente colectiva. Ningún pensamiento negativo va a colaborar con esta empresa.

Esto es algo que tenemos que cambiar entre todos. Somos como hinchas, como somos en nuestras vidas. Ni el pesimismo ni el capricho son una buena guía para llevarla adelante.

Un DT resistido

“Hay plantel para seguir peleando hasta el final, para intentar mejorar, hoy no servía jugar bien y quedar eliminado, en el “matamata” ustedes querían que ganemos, hoy ganamos, así que buenas noches”

Buenas noches. Si, fueron muy buenas noches. No solo por ganar, por intentar hasta el último minuto, por clasificar a la semifinal, por ver el festejo de nuestro capitán, sino también por algunas cosas que esperaba ver en nuestro DT y que por fin van apareciendo.

Y no hablo de lo futbolístico, del armado del equipo, del esquema de juego. Hay muchos especialistas que hablan del tema muy bien y no hace falta uno más. Mi interés siempre va a estar sostenido por un enfoque desde lo emocional y psicológico, tal como lo vengo expresando en anteriores publicaciones.

Estos son tiempos donde la imagen tiene un lugar preponderante. Lo que se ve, lo que se da a ver, lo que muestro, lo que veo, es un circuito hiper transitado: “como te ven, te tratan, si te ven mal, te maltratan”, famosa frase de una conductora argentina que demuestra claramente el valor que se le da a la mirada. El escuchar al otro, el sentirlo, quedan postergados bajo la observación, y algunas veces, hasta olvidados.

Y en este sentido, confieso, que estaba esperando algún “quiebre” en esa imagen casi perfecta, impecable, que muestra nuestro DT. Siempre con el gesto medido, con el discurso prolijo, haciéndose cargo de todo porque es lo que corresponde, el deber primero. Y me preguntaba si tal vez esta actitud, que muchos confunden con soberbia, es lo que hace que buena parte de la hinchada lo resista, cuando, en los hechos, ha tenido logros importantes. Llegar a semifinales de la copa de la liga, por ejemplo, algo que no se consiguió en el ciclo anterior.

Los resultados lo avalan, pero hay algo que lo resiste. Ha cometido errores ¿pero quien no?, hasta los mas experimentados se equivocan.

Una característica de la personalidad “Hincha” es dejarse llevar por lo emocional, somos como niños. Es ese espacio en nuestras vidas donde nos permitimos expresiones y comportamientos dignos de colegiales de primaria, donde podemos gritar, insultar, reír, llorar, sin tener que dar explicaciones. Y que nuestro DT muestre tener tanto control sobre sus emociones es algo que no podemos comprender, que molesta, que nos impide sentirlo cercano. Esa imagen puede ser muy bien recibida en Alemania, pero en Argentina, lo preferimos más despeinado.

Por eso digo que sentí una mezcla de alegría y alivio cuando vi al Micho reaccionar frente al DT del rival en Córdoba, que lo estaba increpando, y cuando cerró la conferencia de prensa con esa frase mata-mata para después levantarse e irse, no sin antes decir buenas noches. Despeinados pero educados, el límite siempre es el respeto.

Respeto que le están faltando muchos hinchas y que, creo, no se merece, alguien que dejó su zona de confort para venir a River. Que logró un campeonato de una, que sacó una diferencia de puntos como para hacer la plancha, que nos clasificó a la Libertadores a mitad de año y que superó al Muñe al clasificarnos a semifinales de la copa de la liga.

Coincido con él, la crítica es despiadada. Y esa es una palabra peligrosa, porque denota un exceso, y no hace falta ser cruel. Porque en ese terreno ya no somos como niños, en ese terreno somos adultos retorcidos mostrando lo más oscuro de nuestra condición humana.

Por mi parte espero que tenga continuidad, por lo que ha demostrado y porque está preparado para ello. Solo pido que siga despeinándose un poco, que se suelte, que rompa ese muro que él mismo ha construido y que sea realmente parte de esta hinchada.

Y llegó el día

Otra camiseta, otro proyecto, otro destino.

Un sacudón que necesitábamos para dejar de esperarlo, de llamarlo, aun cuando sabíamos que, en este tiempo, ya no podía ser.

La esperanza es lo último que se pierde dicen, aún cuando la realidad es incontrastable. La esperanza es ese delirio que intenta protegernos de lo que aún no podemos aceptar. Y es necesaria, tan necesaria como la utopía, siempre y cuando no elevemos demasiado nuestros pies de la tierra.

De pronto estamos interesados en la liga árabe, nos pasamos el horario de los partidos, seguimos comprobando el resentimiento de periodistas bosteros que ya no solo quieren que a River le vaya mal, también a ÉL.

Porque Él es River, y eso no lo cambiará la distancia ni el tiempo. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno, ninguno con su garra y su pasión, y nosotros también Muñeco, te amaremos y adoraremos por siempre.

Mientras tanto, a seguir con lo nuestro, a alentar al más grande, se vienen nuevos desafíos, nada se detiene y allí estaremos como lo que somos: ¡la mejor hinchada del mundo!.

¿Realmente queremos perder?

Dentro del interés que me lleva a escribir este blog, y que es tratar de entender cómo funcionamos como hinchas del club más grande de Argentina, me sorprende descubrir cuanto lugar le damos en nuestros pensamientos al clásico rival.

Si bien es típico del folclore hincha (es imposible no estar siempre en una particular competencia con los rivales midiéndonos en cuanto a logros y fracasos), me pregunto si llegar al extremo de querer que nuestro equipo pierda para que los otros no ganen no es arriesgar demasiado.

No solo porque perder podría perjudicarnos en cuanto a clasificación, puntos, etc., sino también, porque no estamos poniendo el foco en nuestros objetivos. Estamos mirando demasiado lo que hace el otro, y esto, en la vida, nos retrasa. Perdemos un tiempo precioso que podríamos estar aplicándolo en nosotros mismos, para avanzar hacia lo que queremos lograr.

Por supuesto que es un juego que jugamos como hinchas. Nos llena de satisfacción que nuestro equipo gane, pero también nos tranquiliza que el otro pierda, que no llegue a clasificar, que se quede afuera de todo. Podemos prender velas, hacer oraciones, promesas, para que eso ocurra, pero esperar que nuestro equipo pierda… ya es otra cosa.

Tal vez es entrar en una zona oscura, de emociones oscuras, sin darnos cuenta, tomándolo como parte de la gracia de ganar sobre la pérdida del otro, que el otro no tenga lo que yo no fui capaz de conseguir, lo que se conoce sencillamente como envidia.

Por las características del bostero, que suele ser arrogante y soberbio, que se cree superior a todos, que no ganen nada puede ser hasta un acto de justicia. Justicia divina.

Pero lejos estamos nosotros de ser dioses.

Querer perder nos hace perdedores, por la razón que sea. Nos quita grandeza.

No vayamos para atrás. Crecimos mucho los últimos años como para volver ahora al jardín de infantes. Tuvimos un DT que nos enseñó a ir por mas, a creer en nosotros mismos, a respetarnos por sobre todas las cosas. Que trabajó hasta el agotamiento para hacernos recuperar nuestro espíritu ganador.

No nos faltemos el respeto. No tiremos por tierra ese legado. Eso es lo que nos hace grandes, eso es lo que hace la diferencia con el histórico rival. Eso es lo que hace que nuestro club sea el más grande de la Argentina y que nosotros sigamos siendo la mejor hinchada del mundo.

SE CAYÓ EL VELO

Como hincha del club más grande de la Argentina debo decir que las derrotas del clásico rival nos reconfortan.

No podemos refugiarnos en el “bien decir” o el “deber ser” que forzadamente nos impone una moral de la solidaridad con quienes se compraron la camiseta del Flamengo para bullyng-nearnos después de Lima. Eso jamás sucedió ni sucederá. Gran ejemplo de hincha es Enzo Fernandez, que aún con sus hermanos bosteros, sostuvo su dignidad riverplatense.

Pero hay un placer aún mayor: se cayó el velo, y la realidad que nosotros siempre vimos, y denunciamos, ahora está a la vista de todos. Una vez más, el “cabarét” típico de la identidad xeneize, reabrió sus puertas para dejar a la vista la repetición, aquello que no cambia si no estamos dispuestos a una verdadera transformación.

Una imagen sostenida en un discurso mentiroso tiene corta vida. O hablando en criollo, la mentira tiene patas cortas.

Y nada mas justo que ver a los periodistas que sostuvieron este relato, que colaboraron con el armado de este “jenga”, caer, derrumbarse, junto a esa última pieza que no encajó como se esperaba.

Se hizo justicia, y, en este caso, no hay apelación posible.

Tenemos motivos para celebrar. Y nuestro festejo es por la verdad.

Porque somos los mejores, somos la mejor hinchada del mundo.

Somos RIVER PLATE.