MIEDO HINCHA

Finalmente habrá clásico. Nuestro glorioso club quedó primero en su zona de la Copa de la Liga y, los innombrables, cuartos en la suya. Clásico mata-mata.

Inesperado, no deseado, fuera de tiempo, la cuestión es que es así y hay que afrontarlo. Como dijo nuestro querido Colidio, no importa quien toque, River siempre saldrá a ganar.

Hay que reconocer que se sufre más con un clásico, y aparecen los miedos. Se duplica el deseo de ganar y, por consiguiente, el miedo a perder es mayor, y es muy difícil tomarlo con tranquilidad.

Pero lo que más me llama la atención es que, en esta oportunidad, leyendo hinchas en las redes, percibo demasiado miedo, tanto, que opaca el entusiasmo por ganar. Y también hay cierta necesidad de justificar ese miedo. Casi como si se prepararan para perder, porque hay condiciones dadas para eso.

¡Que grave error! El miedo es muy contagioso, mucho más que la seguridad. Se propaga de tal manera que tiñe todas nuestras neuronas de negro y genera una energía densa que nos impide ver la realidad. Y, al ser un miedo irreal, nos estresa y nos predispone mal.

¿Cuál es la realidad? Que somos mejores, que somos superiores y que solo un golpe de mala suerte, o un mal arbitraje podría dejarnos sin victoria.

Es necesario extirpar ese miedo de nuestras mentes. Los hinchas también jugamos, desde el lugar que estemos, y la energía que entre todos generemos tiene que ser luminosa, y ganadora. Todos unidos, todos formando una sola mente, todos deseando lo mejor, todos ganadores.

Vamos a ganar, porque tenemos todo para hacerlo. Y porque lo deseamos. Y porque lo merecemos. El deseo tiene que vencer al miedo, siempre.

Que no sea por nuestro miedo que se compliquen las cosas. Todo llega, los mensajes llegan, la energía llega. Nuestro equipo no es ajeno a esto. Tenemos que enviar mensajes de aliento y convicción.

Ya estamos jugando nuestro partido. Con seguridad, con certeza de la victoria. Dejemos el miedo del otro lado, donde por lógica, tiene que estar.

Vamos por mas!

EXIGENCIA RIVER

“Quiero aprovechar para decirle a la gente que nos apoye, a nosotros y al cuerpo técnico, porque los otros equipos quieren que el plantel esté roto y nosotros no podemos darle ese gusto, nosotros tenemos que estar juntos, apoyar al entrenador, acompañar como venimos haciendo y no darle de comer a ellos.”

Miguel Borja

Se escucha hablar mucho últimamente de la “exigencia River”, sobre todo en jóvenes hinchas que vivieron mas que otras, la era Gallardo.

Hay algo de irrealidad en esta “exigencia” de ganar siempre, de gustar siempre, porque no tiene en cuenta las probabilidades. Si se tira diez veces una moneda al aire es muy poco probable que las diez veces salga “cara”. Estos hinchas parecen querer desafiar hasta las matemáticas. Después de Madrid, tuvimos una seguidilla de partidos perdidos, y ni hablar de la final de la Libertadores 2019. Y eso parece ser “normal”, es imposible ganar siempre, gustar siempre y golear siempre.

Pero si es posible, como hinchas, apoyar siempre, acompañar siempre y analizar siempre desde la realidad objetiva (reconozco que es difícil pero vale la pena el esfuerzo). Y no estar solamente cuando el equipo nos da lo que la vida suele quitarnos. La felicidad constante también es un imposible, una irrealidad, una fantasía.

Miguel Borja, nuestro goleador y figura, lo dice muy claro: los otros equipos quieren rompernos. Cada equipo que nos enfrenta sabe que enfrenta al mas grande de Argentina y se juega una enorme satisfacción en ganarnos. Ganarle a River es único, no hay nada más. Es muy común ver a estos equipos, enfrentando a otros equipos, que no ponen ese plus que si ponen cuando enfrentan a River.

River tiene su peso, para los jugadores, técnicos y también para el hincha. Y para sostener esta responsabilidad, el pensamiento mágico no ayuda. Hay que ser razonables. Y respetar a las matemáticas.

Y no se trata solo de los otros equipos que nos quieren romper. Cada vez está mas claro que, en parte, el periodismo deportivo ha perdido objetividad y ganado en sensacionalismo. Y hay muchos periodistas que usan lo dicho por algunos hinchas para colaborar con bajarnos. Se ve que da muchas ganancias hablar mal de River. Y alimentar grietas hablando todo el tiempo bien de nuestros eternos rivales. Como si fuera conveniente equilibrar la balanza inventando ficciones.

Tenemos que ser conscientes que todo llega a los jugadores y al cuerpo técnico y que esto puede confundir e influye en rendimientos. Como hinchas tendríamos que ser un escudo para nuestro equipo y no sumarnos a las filas “enemigas”. No es posible que suceda que un gran representante de nuestra camiseta como es Nacho Fernández haya tenido que cerrar comentarios en una red social. Si llegamos donde llegamos es por inteligencia no por mediocridad. No nos dejemos usar por el gran comercio que rodea el futbol. Seamos inteligentes, sepamos cuidar lo nuestro. Dejemos de proyectar nuestra soberbia en el DT, porque la única soberbia es creernos dueños de la verdad, y la “exigencia River” es eso, pura soberbia disfrazada de merecimiento.

Seamos razonables y apoyemos, como nos pide nuestro goleador.

Vamos por mas!

MAS QUE UNA COPA

No solo se gano la Supercopa Argentina y se sostuvo el invicto en la Copa de la Liga. Hubo algo más importante aún, se terminó con una repetición que nos estaba haciendo sufrir: el bajón de los segundos tiempos.

La frustración que eso nos provocaba, la incertidumbre, la imposibilidad de entenderlo, nos llevaba a la necesidad de hablar, hablar y hablar para encontrar la lógica de lo que estaba pasando. Las redes sociales explotaban de preguntas y eso es maravilloso cuando se refieren a cada uno de nosotros y no a la mera búsqueda de culpables. Solo las preguntas bien dirigidas nos pueden sacar de la repetición.

Es notable como, en algunas ocasiones, repetimos actos que nos provocan sufrimiento, frustración, haciéndonos chocar una y otra vez con la misma piedra, como un patrón de comportamiento del que no podemos salir. Es algo inconsciente y solo cuando podemos detectarlo, y hacernos alguna pregunta al respecto, tenemos la posibilidad de hacer algo con eso. Mientras tanto habita el reino de lo desconocido y ajeno.

Como parte de esta mente colectiva, que formamos entre todos, como hinchada, participamos de las repeticiones, colaboramos con ellas. Es materia de investigación el cómo, pero no nos puede ser ajeno todo lo que pasa con aquello de lo que formamos parte con tanta pasión.

Nos pasó con el perder de visitantes y nos pasó ahora con los segundos tiempos inciertos que precipitaban empates frustrantes. Y el poner el foco ahí, en lo que perdemos, no en el récord de triunfos de local ni en invicto de este campeonato, repeticiones también, pero que nos reconfortan y que, curiosamente, se daban al mismo tiempo. ¿Tendremos una mente demasiado atenta a lo negativo, tanto, que nos impide ver lo bueno que al mismo tiempo nos sucede? ¿Necesitamos siempre la satisfacción de la queja?

Todo es materia de investigación, lo importante ahora es que SALIMOS DE LA REPETICIÓN DE UNA FRUSTRACIÓN como los grandes campeones que somos. De esto también es importante darse cuenta.

VAMOS POR MAS.

Entre lo racional y lo irracional

Un revolucionario se podría definir por una serie de adjetivos: innovador, renovador, reformador, transformador, inventor, modificador, subversivo, original.

Puede ser que aquellas personas que nos cuesta entender en su accionar, estén  generando silenciosamente una revolución. Pueden estar rompiendo un esquema, inventando algo, desarrollando nuevas formas, transformando lo conocido.

Pero para que esto ocurra, deben saber hacia donde van, insistir en esa dirección, demostrar que saben lo que hacen, luchar por sus ideas, no solo con su cuerpo, también con sus palabras.

Me pregunto si nuestro DT podría ser un revolucionario. 

Y me lo pregunto porque no estamos pudiendo entender hacia donde va nuestro DT. 

No estamos pudiendo entender algunos cambios ni estos segundos tiempos dónde el equipo parece sufrir una transformación inexplicable.

No estamos pudiendo entender algunas respuestas en conferencia de prensa.

Hablo en plural porque hablo de mi y de mi otro yo. De mi parte hincha que banca por amor y de mi parte más razonable que necesita entender.

No hablo de técnica, ni estrategia, porque no tengo formación en eso. Hablo de emociones y de su influencia en jugadores, técnicos e hinchas.

Mi parte de hincha irracional quiere pensar en el Micho como un revolucionario que intenta innovar en estrategias de juego. Pero mi parte de hincha racional me dice que el pensamiento mágico es típico de la infancia, que sea más realista.

Quisiera entenderte Micho, entender tus cambios, tus segundos tiempos. 

Si este es tu sueño, no lo boicotees. 

No voy a analizarte, no es ético. Los psicólogos solo analizamos a quienes nos demandan análisis.

Me estoy auto analizando, solo eso. Tratando de entender todas estas contradicciones que me estás generando.

Entre lo racional e irracional de mí ser hincha.

Entre la frustración y el respeto.

Con necesidad de claridad y simpleza.

A veces lo simple reconforta la vida.

Vamos por más.

Desequilibrados

Mientras observaba la ovación de la hinchada al gran “Trapito” Barovero, muy merecida, por cierto, no podía dejar de pensar en Armani. Me preguntaba si, después de inclinar tanto la cancha hacia el arco contrario, nuestro arquero iba a tener que hacer un trabajo extra para concentrarse en su propio arco. Y creo que algo pasó, porque después de venir con un nivel altísimo, en el partido contra Banfield, el Pulpo no brilló tanto.

Me conmovieron las palabras de Barovero al finalizar el partido, porque se jugaba mucho más para él que el reconocimiento del mundo River. Me arriesgaría a decir que esa fue su despedida. Aunque siga jugando muchos años más, su partido despedida fue ese. Extrañó mucho esa cancha y esa hinchada, lo dijo casi con lágrimas en los ojos. Lo sabemos Trapito, la hinchada y la cancha de River son únicas en el mundo y lo serán por siempre. Y este reconocimiento también será por siempre.

Pero aún así, no podía dejar de pensar en Armani y, en cuanto, nosotros como hinchada, desequilibramos los arcos.

El Pulpo es nuestro capitán, un referente en el equipo actual. Siempre correcto, siempre humilde, siempre moderado, un gran jugador y líder. Y como cualquier jugador de ese nivel, mundialista, debe tener mucho trabajo sobre sus emociones. Pero hay momentos y momentos, y ayer quedó opacado por nuestra idolatría. Y eso se vio en su juego.

Cada vez llego más a la conclusión que tenemos un poder como hinchada del que no somos conscientes. Ayer se vio como inclinamos la cancha, para el lado contrario. Seguramente Trapito nos quiso regalar lo mejor que puede dar, su maestría, el recuerdo en vivo de sus mejores actuaciones en el club. Pero estaba en el otro arco, pequeño detalle.

Se viene el máximo desafío, el clásico. Acompañemos a nuestro equipo y usemos nuestro poder para inclinar la cancha a nuestro favor. Por una semana por lo menos, guardemos críticas, lamentos, viudeces y otras yerbas, para que aflore solo el poder de nuestro amor.

Juntos somos más.

Lesionados

Y si, se lesionó el Pity y nos lesionamos un poco todos el corazón.

Reconozco que al recibir la noticia me ganó el egoísmo, pensé en la mala suerte que tenemos, en qué medida esto perjudica los objetivos propuestos, si hará falta un refuerzo… hasta que pensé en el jugador y el momento difícil que estaría atravesando. Y también el equipo, ya que todo lo que afecta al ambiente que los rodea, afecta a los futbolistas.

Me pregunto que proceso debe enfrentar un jugador que sufre una lesión que lo deja fuera de las canchas medio año. En medio de una pretemporada importante, esperada, y declarando, apenas unos días antes, su ilusión de ganar su tercera copa libertadores con el club.

Me pregunto si cada lesión es un pequeño duelo, porque implica una pérdida, momentánea, las lesiones se recuperan, pero pérdida al fin. Entonces hay que hacer un trabajo de duelo.

En principio la pérdida que se enfrenta es la de una condición, la aptitud para realizar una tarea. Ya no está apto para jugar al futbol en este caso, por el tiempo que indiquen los médicos.

Si seguimos las etapas del duelo lo primero que surgiría frente a la noticia es la negación, como mecanismo de defensa, ya que nos da el tiempo para acomodarnos a la nueva realidad. Frases como “no puede ser”, “esto no me está pasando”, acuden en nuestra ayuda para calmar la revolución de emociones que nos inunda. Una vez que asimilamos la situación, la segunda etapa sería la ira, el enojo con lo que me pasa porque implica una gran frustración, ya que nadie puede cambiar esa realidad, nos embarga un gran sentimiento de injusticia, confrontamos con nuestra mala suerte. Después de una breve etapa de negociación con esta realidad que no quiero, vendría la etapa de depresión, reconocemos que no hay otra posibilidad y nos sumergimos en un bajón emocional, una fuerte tristeza porque la rutina ya cambia, no habrá entrenamiento, deberé enfrentar otras cosas, operaciones, rehabilitación, etc.

Hasta que finalmente llegaría la aceptación, acepto y asumo esto como lo que es y lo enfrento con la misma responsabilidad y garra con la que salgo a la cancha a jugar cada partido, con la que entreno para conseguir los objetivos.

Estas son solo hipótesis a las que arribo pensando que detrás de cada jugador hay un ser humano, aunque a veces se los trate como objetos de intercambio, en cuanto a su valor económico, su rendimiento o su capacidad.

Y como hinchas no tendríamos que perder esto de vista, porque para ello están los empresarios, las sociedades anónimas, los representantes, los poderosos.

Los hinchas nos dejamos llevar por el corazón, no perdamos eso en tiempos donde el amor queda cada vez más excluido de todo.

¡¡Fuerza Pity!!

El juego de las emociones

Sostengo que los hinchas somos como niños, nos dejamos llevar por el mar de las emociones descartando todo análisis razonable. Van y vienen los tsunamis arrasando con todo, sumergiéndonos en la ambivalencia afectiva, del amor al odio ida y vuelta sin solución de continuidad.

Asi un día el Diablito era la joya más prometedora del club y de pronto, apenas unos segundos bastaron, para mandarlo a cortar el pasto a Ezeiza. Y de llorar todos con la despedida de Enzo a condenarlo por alta traición si se va a jugar a Estudiantes de la Plata.

A todo esto, sumamos la búsqueda de culpables, porque siempre tiene que haber un culpable de nuestros vaivenes emocionales. Siempre es el otro, la dirigencia (que elige el socio), el cuerpo técnico, los jugadores. Como los niños, ni idea de lo que es la responsabilidad de nuestra elección, de nuestro vínculo afectivo con el club.

La responsabilidad de ser hinchas… ¿qué sería eso? Pues HACERSE CARGO de todo lo que implica.

Hacernos cargo de este vínculo amoroso, que como todo vínculo tiene sus altos, sus bajos, sus éxitos y sus crisis.

Hacernos cargo que no todas las etapas pueden ser iguales. Que los cambios hay que afrontarlos, porque no hay evolución sin cambios.

Hacernos cargo que perder, forma parte del juego. También las pérdidas de aquellos que fueron nuestros ídolos y eligieron irse.

Hacernos cargo de que el club no puede salvarnos siempre de nuestros problemas cotidianos.

Hacernos cargo que buscar culpables en el fondo no alivia, nos empantana. Otra cosa es pedir que cada actor en este juego asuma sus responsabilidades.

Hacernos cargo también de la felicidad que nos ha brindado este vínculo amoroso, que no todo son piedras en el camino, también disfrutamos de los buenos momentos que pueden llegar a ser gloriosos.

La vida continúa hacia el futuro.

Hagámonos cargo. Vayamos por más.

Tiempos de ansiedad generalizada

Un síntoma que caracteriza los trastornos de ansiedad es la preocupación, una preocupación constante y difícil de controlar.

Pre-ocupación, ocuparnos anticipadamente, de algo que todavía no sucedió, que podría pasar, pero también no, adelantarnos en el tiempo a los hechos, lo cual es una empresa imposible. Por eso también se dice que la ansiedad es un “exceso de futuro”.

Estamos constantemente adelantándonos: despedimos a Enzo Perez en el partido contra Huracán cuando el jugador no había comunicado, ni aún lo hace estando casi a fin de año, su decisión de quedarse o irse del club. Lo despedimos y hay un 50% de posibilidades de que se quede. Y ahora resulta que el diablito Echeverri se va al Barcelona, cuando no hay ninguna comunicación oficial que sostenga esto. En esto de ser periodistas del futuro, nos olvidamos de que la vida se construye hoy.

Entonces vivimos preocupados, si se va un jugador hay que pensar en quien va a reemplazarlo, y si el diablito no firma la dirigencia tiene que renunciar e irse por ineptos. Y asi vamos alimentando también las fake news. Junto con la ansiedad se va también la verdad, la perdemos de vista.

Palabras como paciencia, tolerancia, espera, consideración, van desapareciendo de nuestros diccionarios. Y son reemplazadas por apuro, aceleración, anticipación, intolerancia.

El tiempo, al menos en la dimensión que vivimos, es lineal e implacable. Sigue su curso. Los procesos son procesos, se extienden necesariamente en el tiempo, no pueden empezar y concluir en el mismo instante.

Tendríamos que poder darnos tiempo, pero a nosotros mismos. Tal vez no se trata de darle tiempo al otro para que decida, para que demuestre, para que nos complazca. Se trata de darnos el tiempo necesario para respetar los procesos, propios y ajenos. Y hasta, quien diría, podría ser el mejor remedio para la ansiedad.

Penar Penales

Un penal es una sanción que surge como consecuencia de una falta, una infracción que debe ser sancionada para mantener la igualdad en el juego. Si esta bien cobrado es hacer justicia, ya que es la pena máxima que recibe un equipo por evitar un gol del adversario dentro del área, de maneras no aceptadas por el juego.

Pero cuando se trata de una definición, después de un buen partido, donde los equipos jugaron respetando las reglas, los penales tienen otro valor, su simbolismo cambia. Ya no es la sanción justa por una falta… ¿qué es entonces?

Su valor simbólico dependerá de cómo lo vive cada equipo, y me atrevería a decir, cada hinchada. Para algunos será una gran oportunidad de ganar el juego, pero para otros, tal vez, pueda seguir siendo una sanción, o hasta un castigo, por no ganar en los 90 minutos. Y también el reflejo de una gran frustración por el mismo motivo. En definitiva, algo que ya no forma parte del juego.

En la semifinal contra Rosario Central me pareció percibir frustración en el rostro de los pateadores riverplatenses. Si intento hacer una lectura de esa frustración, me atrevo a aventurar algunas posibilidades: pusieron todo en los noventa para ganar y, al no lograrlo, la frustración ya los encaminó vencidos al punto penal. Lo siguen considerando una sanción, pero por no haber ganado como ellos se lo habían propuesto. En cambio, el rival que resistió, que no jugó en el mismo nivel pero logro aguantar, llego a esa instancia ya victorioso, porque alcanzó su propósito defensivo. Sabemos que en la liga local nadie sale a jugarle de igual a igual a River, reconociendo en ese acto, su superioridad. Ganarle a River es el mayor logro que pueden alcanzar muchos equipos en Argentina.

En cambio para River, que siempre busca superarse, ir por más, es inaceptable llegar a la instancia de los penales como definición. Mucho más cuando el clásico rival solo alcanza títulos por esa via.

A nivel simbólico, a nivel de las representaciones de algo en nuestro psiquismo, la definición por penales tiene un peso importante para nosotros, que va más allá de los jugadores o el DT de turno. Perder las definiciones por penales es una repetición en la historia de River, a tal punto, que los hinchas ya nos predisponemos negativamente frente a esa circunstancia.  Y que al menos 350.000 mentes pensemos al mismo tiempo “ya está, perdemos” o “no pasamos”, no es poca cosa. Es algo que nos afecta a todos, pero el peso cae sobre esos jugadores que están parados allí frente al arquero rival.

Creo que hay que trabajar decididamente en este punto, y no se trata solo de practicar tiros penales en el entrenamiento, cosa que se hace como dijo nuestro actual DT. El principal trabajo por realizar es intentar cambiar el simbolismo que tienen las definiciones por penales para nuestro club. Dejar de verlas como una catástrofe, como una frustración, para empezar a verlas como parte del juego y como una posibilidad más de GANAR. Aunque no sea nuestro estilo.

Sabemos que a River le gusta ganar jugando, esa es su impronta, eso manda nuestro escudo. Pero la definición por penales forma parte del juego, no es algo aparte.

Y en esto también tenemos que trabajar nosotros como hinchada en nuestra mente colectiva. Ningún pensamiento negativo va a colaborar con esta empresa.

Esto es algo que tenemos que cambiar entre todos. Somos como hinchas, como somos en nuestras vidas. Ni el pesimismo ni el capricho son una buena guía para llevarla adelante.

Y llegó el día

Otra camiseta, otro proyecto, otro destino.

Un sacudón que necesitábamos para dejar de esperarlo, de llamarlo, aun cuando sabíamos que, en este tiempo, ya no podía ser.

La esperanza es lo último que se pierde dicen, aún cuando la realidad es incontrastable. La esperanza es ese delirio que intenta protegernos de lo que aún no podemos aceptar. Y es necesaria, tan necesaria como la utopía, siempre y cuando no elevemos demasiado nuestros pies de la tierra.

De pronto estamos interesados en la liga árabe, nos pasamos el horario de los partidos, seguimos comprobando el resentimiento de periodistas bosteros que ya no solo quieren que a River le vaya mal, también a ÉL.

Porque Él es River, y eso no lo cambiará la distancia ni el tiempo. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno, ninguno con su garra y su pasión, y nosotros también Muñeco, te amaremos y adoraremos por siempre.

Mientras tanto, a seguir con lo nuestro, a alentar al más grande, se vienen nuevos desafíos, nada se detiene y allí estaremos como lo que somos: ¡la mejor hinchada del mundo!.