Desequilibrados

Mientras observaba la ovación de la hinchada al gran “Trapito” Barovero, muy merecida, por cierto, no podía dejar de pensar en Armani. Me preguntaba si, después de inclinar tanto la cancha hacia el arco contrario, nuestro arquero iba a tener que hacer un trabajo extra para concentrarse en su propio arco. Y creo que algo pasó, porque después de venir con un nivel altísimo, en el partido contra Banfield, el Pulpo no brilló tanto.

Me conmovieron las palabras de Barovero al finalizar el partido, porque se jugaba mucho más para él que el reconocimiento del mundo River. Me arriesgaría a decir que esa fue su despedida. Aunque siga jugando muchos años más, su partido despedida fue ese. Extrañó mucho esa cancha y esa hinchada, lo dijo casi con lágrimas en los ojos. Lo sabemos Trapito, la hinchada y la cancha de River son únicas en el mundo y lo serán por siempre. Y este reconocimiento también será por siempre.

Pero aún así, no podía dejar de pensar en Armani y, en cuanto, nosotros como hinchada, desequilibramos los arcos.

El Pulpo es nuestro capitán, un referente en el equipo actual. Siempre correcto, siempre humilde, siempre moderado, un gran jugador y líder. Y como cualquier jugador de ese nivel, mundialista, debe tener mucho trabajo sobre sus emociones. Pero hay momentos y momentos, y ayer quedó opacado por nuestra idolatría. Y eso se vio en su juego.

Cada vez llego más a la conclusión que tenemos un poder como hinchada del que no somos conscientes. Ayer se vio como inclinamos la cancha, para el lado contrario. Seguramente Trapito nos quiso regalar lo mejor que puede dar, su maestría, el recuerdo en vivo de sus mejores actuaciones en el club. Pero estaba en el otro arco, pequeño detalle.

Se viene el máximo desafío, el clásico. Acompañemos a nuestro equipo y usemos nuestro poder para inclinar la cancha a nuestro favor. Por una semana por lo menos, guardemos críticas, lamentos, viudeces y otras yerbas, para que aflore solo el poder de nuestro amor.

Juntos somos más.

Encaprichados

El camino del justo medio.

Qué difícil es encontrarlo, pero vale la pena el esfuerzo, porque los problemas, los sufrimientos, los conflictos, siempre habitan en los extremos. O la falta, o el exceso, siempre terminan siendo el caldo de cultivo de los dolores de la vida.

Nuestro querido Barco cometió un exceso, terminó a la deriva y era necesario que el DT lo condujera a buen puerto para volver a zarpar. Creo que Demichelis conoce mucho sobre la psicología del jugador, hizo una buena lectura de la situación y tomo las decisiones que correspondían teniendo en cuenta, entre otras cosas, la emocionalidad del momento.

No es tarea fácil. Le pedimos a los jugadores personalidad, fortaleza yoica, velocidad de reacción, amor propio, carácter, y al mismo tiempo humildad, compañerismo, conciencia de equipo, cero ego. Lograr un equilibrio entre todos estos aspectos es, muchas veces, un don, algo innato, o algo que se adquiere con el tiempo, con la experiencia y aprendiendo de los errores. Quiero decir con esto que no es algo que alguien pueda enseñar, el único docente acá es la vida misma. Si el jugador sabe aprovechar esta experiencia, seguramente dará un paso más hacia el tan ansiado equilibrio.

Como hinchas nos enojamos porque podrían haber sido tres puntos, seguramente, si se ejecutaba correctamente ese penal. Nunca podremos saberlo. Pero si podemos saber que tendremos un mejor jugador en nuestro equipo a partir de este error cometido si sabe aprehender lo vivido. La sanción del DT fue necesaria para que esto ocurra, mas que signo de autoridad, para el crecimiento del jugador y, por consiguiente, del equipo. Un buen líder también tiene que saber encontrar ese equilibrio entre carácter y humildad.

Confiemos en nuestro equipo, en ese plus que siempre hizo de River el mejor equipo de Argentina.

Te queremos Esequiel!

¡Vamos por mas!

Lesionados

Y si, se lesionó el Pity y nos lesionamos un poco todos el corazón.

Reconozco que al recibir la noticia me ganó el egoísmo, pensé en la mala suerte que tenemos, en qué medida esto perjudica los objetivos propuestos, si hará falta un refuerzo… hasta que pensé en el jugador y el momento difícil que estaría atravesando. Y también el equipo, ya que todo lo que afecta al ambiente que los rodea, afecta a los futbolistas.

Me pregunto que proceso debe enfrentar un jugador que sufre una lesión que lo deja fuera de las canchas medio año. En medio de una pretemporada importante, esperada, y declarando, apenas unos días antes, su ilusión de ganar su tercera copa libertadores con el club.

Me pregunto si cada lesión es un pequeño duelo, porque implica una pérdida, momentánea, las lesiones se recuperan, pero pérdida al fin. Entonces hay que hacer un trabajo de duelo.

En principio la pérdida que se enfrenta es la de una condición, la aptitud para realizar una tarea. Ya no está apto para jugar al futbol en este caso, por el tiempo que indiquen los médicos.

Si seguimos las etapas del duelo lo primero que surgiría frente a la noticia es la negación, como mecanismo de defensa, ya que nos da el tiempo para acomodarnos a la nueva realidad. Frases como “no puede ser”, “esto no me está pasando”, acuden en nuestra ayuda para calmar la revolución de emociones que nos inunda. Una vez que asimilamos la situación, la segunda etapa sería la ira, el enojo con lo que me pasa porque implica una gran frustración, ya que nadie puede cambiar esa realidad, nos embarga un gran sentimiento de injusticia, confrontamos con nuestra mala suerte. Después de una breve etapa de negociación con esta realidad que no quiero, vendría la etapa de depresión, reconocemos que no hay otra posibilidad y nos sumergimos en un bajón emocional, una fuerte tristeza porque la rutina ya cambia, no habrá entrenamiento, deberé enfrentar otras cosas, operaciones, rehabilitación, etc.

Hasta que finalmente llegaría la aceptación, acepto y asumo esto como lo que es y lo enfrento con la misma responsabilidad y garra con la que salgo a la cancha a jugar cada partido, con la que entreno para conseguir los objetivos.

Estas son solo hipótesis a las que arribo pensando que detrás de cada jugador hay un ser humano, aunque a veces se los trate como objetos de intercambio, en cuanto a su valor económico, su rendimiento o su capacidad.

Y como hinchas no tendríamos que perder esto de vista, porque para ello están los empresarios, las sociedades anónimas, los representantes, los poderosos.

Los hinchas nos dejamos llevar por el corazón, no perdamos eso en tiempos donde el amor queda cada vez más excluido de todo.

¡¡Fuerza Pity!!

Un DT resistido

“Hay plantel para seguir peleando hasta el final, para intentar mejorar, hoy no servía jugar bien y quedar eliminado, en el “matamata” ustedes querían que ganemos, hoy ganamos, así que buenas noches”

Buenas noches. Si, fueron muy buenas noches. No solo por ganar, por intentar hasta el último minuto, por clasificar a la semifinal, por ver el festejo de nuestro capitán, sino también por algunas cosas que esperaba ver en nuestro DT y que por fin van apareciendo.

Y no hablo de lo futbolístico, del armado del equipo, del esquema de juego. Hay muchos especialistas que hablan del tema muy bien y no hace falta uno más. Mi interés siempre va a estar sostenido por un enfoque desde lo emocional y psicológico, tal como lo vengo expresando en anteriores publicaciones.

Estos son tiempos donde la imagen tiene un lugar preponderante. Lo que se ve, lo que se da a ver, lo que muestro, lo que veo, es un circuito hiper transitado: “como te ven, te tratan, si te ven mal, te maltratan”, famosa frase de una conductora argentina que demuestra claramente el valor que se le da a la mirada. El escuchar al otro, el sentirlo, quedan postergados bajo la observación, y algunas veces, hasta olvidados.

Y en este sentido, confieso, que estaba esperando algún “quiebre” en esa imagen casi perfecta, impecable, que muestra nuestro DT. Siempre con el gesto medido, con el discurso prolijo, haciéndose cargo de todo porque es lo que corresponde, el deber primero. Y me preguntaba si tal vez esta actitud, que muchos confunden con soberbia, es lo que hace que buena parte de la hinchada lo resista, cuando, en los hechos, ha tenido logros importantes. Llegar a semifinales de la copa de la liga, por ejemplo, algo que no se consiguió en el ciclo anterior.

Los resultados lo avalan, pero hay algo que lo resiste. Ha cometido errores ¿pero quien no?, hasta los mas experimentados se equivocan.

Una característica de la personalidad “Hincha” es dejarse llevar por lo emocional, somos como niños. Es ese espacio en nuestras vidas donde nos permitimos expresiones y comportamientos dignos de colegiales de primaria, donde podemos gritar, insultar, reír, llorar, sin tener que dar explicaciones. Y que nuestro DT muestre tener tanto control sobre sus emociones es algo que no podemos comprender, que molesta, que nos impide sentirlo cercano. Esa imagen puede ser muy bien recibida en Alemania, pero en Argentina, lo preferimos más despeinado.

Por eso digo que sentí una mezcla de alegría y alivio cuando vi al Micho reaccionar frente al DT del rival en Córdoba, que lo estaba increpando, y cuando cerró la conferencia de prensa con esa frase mata-mata para después levantarse e irse, no sin antes decir buenas noches. Despeinados pero educados, el límite siempre es el respeto.

Respeto que le están faltando muchos hinchas y que, creo, no se merece, alguien que dejó su zona de confort para venir a River. Que logró un campeonato de una, que sacó una diferencia de puntos como para hacer la plancha, que nos clasificó a la Libertadores a mitad de año y que superó al Muñe al clasificarnos a semifinales de la copa de la liga.

Coincido con él, la crítica es despiadada. Y esa es una palabra peligrosa, porque denota un exceso, y no hace falta ser cruel. Porque en ese terreno ya no somos como niños, en ese terreno somos adultos retorcidos mostrando lo más oscuro de nuestra condición humana.

Por mi parte espero que tenga continuidad, por lo que ha demostrado y porque está preparado para ello. Solo pido que siga despeinándose un poco, que se suelte, que rompa ese muro que él mismo ha construido y que sea realmente parte de esta hinchada.

Y llegó el día

Otra camiseta, otro proyecto, otro destino.

Un sacudón que necesitábamos para dejar de esperarlo, de llamarlo, aun cuando sabíamos que, en este tiempo, ya no podía ser.

La esperanza es lo último que se pierde dicen, aún cuando la realidad es incontrastable. La esperanza es ese delirio que intenta protegernos de lo que aún no podemos aceptar. Y es necesaria, tan necesaria como la utopía, siempre y cuando no elevemos demasiado nuestros pies de la tierra.

De pronto estamos interesados en la liga árabe, nos pasamos el horario de los partidos, seguimos comprobando el resentimiento de periodistas bosteros que ya no solo quieren que a River le vaya mal, también a ÉL.

Porque Él es River, y eso no lo cambiará la distancia ni el tiempo. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno, ninguno con su garra y su pasión, y nosotros también Muñeco, te amaremos y adoraremos por siempre.

Mientras tanto, a seguir con lo nuestro, a alentar al más grande, se vienen nuevos desafíos, nada se detiene y allí estaremos como lo que somos: ¡la mejor hinchada del mundo!.

¿Realmente queremos perder?

Dentro del interés que me lleva a escribir este blog, y que es tratar de entender cómo funcionamos como hinchas del club más grande de Argentina, me sorprende descubrir cuanto lugar le damos en nuestros pensamientos al clásico rival.

Si bien es típico del folclore hincha (es imposible no estar siempre en una particular competencia con los rivales midiéndonos en cuanto a logros y fracasos), me pregunto si llegar al extremo de querer que nuestro equipo pierda para que los otros no ganen no es arriesgar demasiado.

No solo porque perder podría perjudicarnos en cuanto a clasificación, puntos, etc., sino también, porque no estamos poniendo el foco en nuestros objetivos. Estamos mirando demasiado lo que hace el otro, y esto, en la vida, nos retrasa. Perdemos un tiempo precioso que podríamos estar aplicándolo en nosotros mismos, para avanzar hacia lo que queremos lograr.

Por supuesto que es un juego que jugamos como hinchas. Nos llena de satisfacción que nuestro equipo gane, pero también nos tranquiliza que el otro pierda, que no llegue a clasificar, que se quede afuera de todo. Podemos prender velas, hacer oraciones, promesas, para que eso ocurra, pero esperar que nuestro equipo pierda… ya es otra cosa.

Tal vez es entrar en una zona oscura, de emociones oscuras, sin darnos cuenta, tomándolo como parte de la gracia de ganar sobre la pérdida del otro, que el otro no tenga lo que yo no fui capaz de conseguir, lo que se conoce sencillamente como envidia.

Por las características del bostero, que suele ser arrogante y soberbio, que se cree superior a todos, que no ganen nada puede ser hasta un acto de justicia. Justicia divina.

Pero lejos estamos nosotros de ser dioses.

Querer perder nos hace perdedores, por la razón que sea. Nos quita grandeza.

No vayamos para atrás. Crecimos mucho los últimos años como para volver ahora al jardín de infantes. Tuvimos un DT que nos enseñó a ir por mas, a creer en nosotros mismos, a respetarnos por sobre todas las cosas. Que trabajó hasta el agotamiento para hacernos recuperar nuestro espíritu ganador.

No nos faltemos el respeto. No tiremos por tierra ese legado. Eso es lo que nos hace grandes, eso es lo que hace la diferencia con el histórico rival. Eso es lo que hace que nuestro club sea el más grande de la Argentina y que nosotros sigamos siendo la mejor hinchada del mundo.

concentrados en nosotros

Es muy difícil, a veces, no mirar lo que hace el vecino. Mucho más si tenemos alguna rivalidad, por cualquier razón que sea.

Aquello que deseamos conseguir con todo nuestro ser y, resulta que el vecino lo alcanza, y a nosotros nos toca esperar. Porque no hicimos las cosas muy bien, porque la suerte se fue con el vecino, por lo que fuere.

Entonces surge la bronca, el enojo y eso se transforma en dolor y el dolor en sufrimiento. Y el sufrimiento en detención porque nos olvidamos de nuestro proyecto, de seguir trabajando en él, de las otras metas a conseguir, también importantes para darle sentido a nuestra existencia. Para construir un camino distinto al del vecino. Porque somos diferentes, tenemos otra forma de llegar.

Nos olvidamos de todo por mirar lo que hacen los otros, tomados por emociones negativas que no le hacen daño más que a nosotros mismos.

Hay cuestiones que son inevitables, no podemos no mirar. Pero sí podemos darle menos tiempo, menos lugar y menos importancia al rival innombrable y volver rápidamente a enfocarnos en lo nuestro. Porque nadie puede hacer nuestra parte por nosotros.

No podemos meternos en la mente del otro para forzar una equivocación, pero si podemos trabajar en nuestra mente para alcanzar los objetivos que nos propusimos.

Como hinchada nuestra mente es poderosa y es un jugador más que NO puede jugar en contra de si mismo, de su propio club, de su propio equipo. Entonces pongamos nuestra energía en superar los obstáculos, dejarlos atrás, y avanzar decididos, confiados y alegres hacia nuestros objetivos.

Unidos triunfaremos (desparramados… ¿Qué hacemos?)

Se viene el clásico, y tenemos que pensar como jugamos como hinchada.

Nuestra mente colectiva debe hacerse aún más grande, mas fuerte, mas convencida.

Sin dudas somos un mar de emociones. Cada uno con lo suyo, algunos esperando, palpitando, transpirando; otros confiados y tranquilos. Otros elevando al cielo sus plegarias para que ilumine al técnico y al equipo. Y otros también temerosos, esperando lo peor, porque es difícil soportar la etapa de incertidumbre que venimos atravesando, y, cuyos responsables, deberían dejar atrás, para unirse y salir a la cancha como un solo cuerpo.

Aún así, hagamos nuestra parte. Unámonos también en una sola mente, en una sola emoción. Juguemos nuestro partido. Que todo sea rojo y blanco, que todo sea River Plate, que todo sea alegría. Sin miedos, porque la energía del miedo tiñe todo rápidamente. Con confianza. Con grandeza. Sin que nos importe el adversario, primero nuestro equipo, después todo lo demás.

Nuestra mente colectiva

Sostengo la teoría que, entre todos, conformamos una gran mente colectiva. Y esa mente se alimenta de todos nuestros pensamientos, emociones, sentimientos, que nos despierta el club de nuestros amores.

Cada uno aporta lo suyo. Pero si algo es claro, es que las emociones negativas pueden tener la capacidad de teñirlo todo. Piensen en un grupo de amigos, todos contentos hablando de sus vidas, de sus proyectos, y viene ese amigo amargo, siempre negativo, que no puede ver nada bueno de la vida. ¿Y qué pasa? Alguno se empieza a preocupar por él, intenta cambiarle la onda, pero poco a poco se van contagiando… silencio, densidad, algo se va tornando oscuro.

Las emociones negativas son un peligro para la mente de este colectivo riverplatense. Son contagiosas. El miedo a perder es terrible, nos convierte en perdedores antes de jugar. Otra cosa es saber perder, aceptar una derrota porque es imposible siempre ganar. Pero hay derrotas que se sustentan en el miedo, y hay derrotas que tienen mas que ver con lo que tiene que pasar, el destino o la suerte. Muchas veces el resultado no tiene nada que ver con el juego.

Por eso, alimentemos esta mente con el deseo de ser grandes, mas allá del resultado. Con el deseo de ser dignos de esta camiseta. Con el deseo de ser respetables, éticos, justos. Eso nos convertirá como hinchas en ganadores, y eso es lo que le transmitiremos a nuestros jugadores, técnicos y dirigentes.