
Otra camiseta, otro proyecto, otro destino.
Un sacudón que necesitábamos para dejar de esperarlo, de llamarlo, aun cuando sabíamos que, en este tiempo, ya no podía ser.
La esperanza es lo último que se pierde dicen, aún cuando la realidad es incontrastable. La esperanza es ese delirio que intenta protegernos de lo que aún no podemos aceptar. Y es necesaria, tan necesaria como la utopía, siempre y cuando no elevemos demasiado nuestros pies de la tierra.
De pronto estamos interesados en la liga árabe, nos pasamos el horario de los partidos, seguimos comprobando el resentimiento de periodistas bosteros que ya no solo quieren que a River le vaya mal, también a ÉL.
Porque Él es River, y eso no lo cambiará la distancia ni el tiempo. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno, ninguno con su garra y su pasión, y nosotros también Muñeco, te amaremos y adoraremos por siempre.
Mientras tanto, a seguir con lo nuestro, a alentar al más grande, se vienen nuevos desafíos, nada se detiene y allí estaremos como lo que somos: ¡la mejor hinchada del mundo!.

