MAS QUE UNA COPA

No solo se gano la Supercopa Argentina y se sostuvo el invicto en la Copa de la Liga. Hubo algo más importante aún, se terminó con una repetición que nos estaba haciendo sufrir: el bajón de los segundos tiempos.

La frustración que eso nos provocaba, la incertidumbre, la imposibilidad de entenderlo, nos llevaba a la necesidad de hablar, hablar y hablar para encontrar la lógica de lo que estaba pasando. Las redes sociales explotaban de preguntas y eso es maravilloso cuando se refieren a cada uno de nosotros y no a la mera búsqueda de culpables. Solo las preguntas bien dirigidas nos pueden sacar de la repetición.

Es notable como, en algunas ocasiones, repetimos actos que nos provocan sufrimiento, frustración, haciéndonos chocar una y otra vez con la misma piedra, como un patrón de comportamiento del que no podemos salir. Es algo inconsciente y solo cuando podemos detectarlo, y hacernos alguna pregunta al respecto, tenemos la posibilidad de hacer algo con eso. Mientras tanto habita el reino de lo desconocido y ajeno.

Como parte de esta mente colectiva, que formamos entre todos, como hinchada, participamos de las repeticiones, colaboramos con ellas. Es materia de investigación el cómo, pero no nos puede ser ajeno todo lo que pasa con aquello de lo que formamos parte con tanta pasión.

Nos pasó con el perder de visitantes y nos pasó ahora con los segundos tiempos inciertos que precipitaban empates frustrantes. Y el poner el foco ahí, en lo que perdemos, no en el récord de triunfos de local ni en invicto de este campeonato, repeticiones también, pero que nos reconfortan y que, curiosamente, se daban al mismo tiempo. ¿Tendremos una mente demasiado atenta a lo negativo, tanto, que nos impide ver lo bueno que al mismo tiempo nos sucede? ¿Necesitamos siempre la satisfacción de la queja?

Todo es materia de investigación, lo importante ahora es que SALIMOS DE LA REPETICIÓN DE UNA FRUSTRACIÓN como los grandes campeones que somos. De esto también es importante darse cuenta.

VAMOS POR MAS.

Entre lo racional y lo irracional

Un revolucionario se podría definir por una serie de adjetivos: innovador, renovador, reformador, transformador, inventor, modificador, subversivo, original.

Puede ser que aquellas personas que nos cuesta entender en su accionar, estén  generando silenciosamente una revolución. Pueden estar rompiendo un esquema, inventando algo, desarrollando nuevas formas, transformando lo conocido.

Pero para que esto ocurra, deben saber hacia donde van, insistir en esa dirección, demostrar que saben lo que hacen, luchar por sus ideas, no solo con su cuerpo, también con sus palabras.

Me pregunto si nuestro DT podría ser un revolucionario. 

Y me lo pregunto porque no estamos pudiendo entender hacia donde va nuestro DT. 

No estamos pudiendo entender algunos cambios ni estos segundos tiempos dónde el equipo parece sufrir una transformación inexplicable.

No estamos pudiendo entender algunas respuestas en conferencia de prensa.

Hablo en plural porque hablo de mi y de mi otro yo. De mi parte hincha que banca por amor y de mi parte más razonable que necesita entender.

No hablo de técnica, ni estrategia, porque no tengo formación en eso. Hablo de emociones y de su influencia en jugadores, técnicos e hinchas.

Mi parte de hincha irracional quiere pensar en el Micho como un revolucionario que intenta innovar en estrategias de juego. Pero mi parte de hincha racional me dice que el pensamiento mágico es típico de la infancia, que sea más realista.

Quisiera entenderte Micho, entender tus cambios, tus segundos tiempos. 

Si este es tu sueño, no lo boicotees. 

No voy a analizarte, no es ético. Los psicólogos solo analizamos a quienes nos demandan análisis.

Me estoy auto analizando, solo eso. Tratando de entender todas estas contradicciones que me estás generando.

Entre lo racional e irracional de mí ser hincha.

Entre la frustración y el respeto.

Con necesidad de claridad y simpleza.

A veces lo simple reconforta la vida.

Vamos por más.

Equipo de mentira

Clásico 25/02/2024

Iba a titular el post “equipo chico” pero me pareció una falta de respeto a los equipos de menor estructura, que se merecen todo el respeto del mundo cuando salen a la cancha de igual a igual con el que les toque.

Equipo de mentira son estos equipos “grandes” que se creen superiores, cuando no lo son, que se sostienen en un discurso inventado por el periodismo, que se olvidaron de lo que es salir a ganar y que terminan festejando un empate como si fuera el máximo logro por conseguir.

Esta bien, convengamos que un empate con River no es poca cosa, un equipo de verdad, sostenido por una historia de verdad que supo superar momentos difíciles sin dejar de crecer nunca.

Estamos tan lejos, tan difíciles de alcanzar, que si miran para arriba ya nos perdieron de vista. No vamos en tren, vamos en avión. Pero siempre con respeto hacia el rival, respeto que no solemos recibir de la misma manera. Fue necesario que nuestro querido Borja le recuerde al rival que, si quieren ser grandes, tienen que jugar como grandes.  

Nuestro equipo sigue creciendo, con cambios, con jugadores nuevos que necesitan tiempo para conocer River, con jugadores conocidos que lo siguen dando todo.

Todavía falta. Falta ese plus que solo se consigue con el tiempo. Ser una sola mente, un solo cuerpo, jugar de memoria, que se instalen caminos mentales compartidos en cada uno de todos los que conforman el equipo, incluidos suplentes y cuerpo técnico. Cada uno con su lugar, pero con y en el equipo.

En ese sentido un tirón de orejas para Barco, demasiado insistente en hacer su gol, olvidando asi al conjunto.

El tiempo sigue siendo lineal, al menos en esta dimensión. Temple para soportarlo, tolerancia para respetarlo y visión de conjunto. Para nosotros también como hinchas.

Vamos por más.

Desequilibrados

Mientras observaba la ovación de la hinchada al gran “Trapito” Barovero, muy merecida, por cierto, no podía dejar de pensar en Armani. Me preguntaba si, después de inclinar tanto la cancha hacia el arco contrario, nuestro arquero iba a tener que hacer un trabajo extra para concentrarse en su propio arco. Y creo que algo pasó, porque después de venir con un nivel altísimo, en el partido contra Banfield, el Pulpo no brilló tanto.

Me conmovieron las palabras de Barovero al finalizar el partido, porque se jugaba mucho más para él que el reconocimiento del mundo River. Me arriesgaría a decir que esa fue su despedida. Aunque siga jugando muchos años más, su partido despedida fue ese. Extrañó mucho esa cancha y esa hinchada, lo dijo casi con lágrimas en los ojos. Lo sabemos Trapito, la hinchada y la cancha de River son únicas en el mundo y lo serán por siempre. Y este reconocimiento también será por siempre.

Pero aún así, no podía dejar de pensar en Armani y, en cuanto, nosotros como hinchada, desequilibramos los arcos.

El Pulpo es nuestro capitán, un referente en el equipo actual. Siempre correcto, siempre humilde, siempre moderado, un gran jugador y líder. Y como cualquier jugador de ese nivel, mundialista, debe tener mucho trabajo sobre sus emociones. Pero hay momentos y momentos, y ayer quedó opacado por nuestra idolatría. Y eso se vio en su juego.

Cada vez llego más a la conclusión que tenemos un poder como hinchada del que no somos conscientes. Ayer se vio como inclinamos la cancha, para el lado contrario. Seguramente Trapito nos quiso regalar lo mejor que puede dar, su maestría, el recuerdo en vivo de sus mejores actuaciones en el club. Pero estaba en el otro arco, pequeño detalle.

Se viene el máximo desafío, el clásico. Acompañemos a nuestro equipo y usemos nuestro poder para inclinar la cancha a nuestro favor. Por una semana por lo menos, guardemos críticas, lamentos, viudeces y otras yerbas, para que aflore solo el poder de nuestro amor.

Juntos somos más.

Encaprichados

El camino del justo medio.

Qué difícil es encontrarlo, pero vale la pena el esfuerzo, porque los problemas, los sufrimientos, los conflictos, siempre habitan en los extremos. O la falta, o el exceso, siempre terminan siendo el caldo de cultivo de los dolores de la vida.

Nuestro querido Barco cometió un exceso, terminó a la deriva y era necesario que el DT lo condujera a buen puerto para volver a zarpar. Creo que Demichelis conoce mucho sobre la psicología del jugador, hizo una buena lectura de la situación y tomo las decisiones que correspondían teniendo en cuenta, entre otras cosas, la emocionalidad del momento.

No es tarea fácil. Le pedimos a los jugadores personalidad, fortaleza yoica, velocidad de reacción, amor propio, carácter, y al mismo tiempo humildad, compañerismo, conciencia de equipo, cero ego. Lograr un equilibrio entre todos estos aspectos es, muchas veces, un don, algo innato, o algo que se adquiere con el tiempo, con la experiencia y aprendiendo de los errores. Quiero decir con esto que no es algo que alguien pueda enseñar, el único docente acá es la vida misma. Si el jugador sabe aprovechar esta experiencia, seguramente dará un paso más hacia el tan ansiado equilibrio.

Como hinchas nos enojamos porque podrían haber sido tres puntos, seguramente, si se ejecutaba correctamente ese penal. Nunca podremos saberlo. Pero si podemos saber que tendremos un mejor jugador en nuestro equipo a partir de este error cometido si sabe aprehender lo vivido. La sanción del DT fue necesaria para que esto ocurra, mas que signo de autoridad, para el crecimiento del jugador y, por consiguiente, del equipo. Un buen líder también tiene que saber encontrar ese equilibrio entre carácter y humildad.

Confiemos en nuestro equipo, en ese plus que siempre hizo de River el mejor equipo de Argentina.

Te queremos Esequiel!

¡Vamos por mas!

Juntos a la par

Y adelantados…

Si, nuestro gran arquero se adelantó un poquito y lo logró, no solo atajar el penal frente a excursionistas por la copa argentina, sino asegurarnos la victoria. Tuvo picardía, sabía que no había «VAR», y tomo la decisión correcta: atajar el penal y punto. Su festejo fue conmovedor, todos hubiéramos querido abrazarlo, lo que demuestra claramente como los hinchas influimos en el ánimo del jugador, y del equipo, con cada una de las palabras que lanzamos en las redes, muchas veces sin medir consecuencias, sin empatía alguna y sin consciencia de nuestro poder de llegada. De cuánto podemos ayudar y de cuánto podemos dañar.

Es tiempo de hacernos cargo que nosotros también influimos en los resultados, que lo que decimos llega mucho más de lo que pensamos.

Las críticas a Armani por no atajar penales llegaron y lastimaron, sino no hubiera festejado de la forma en que lo hizo, casi al borde del llanto.

La frustración sufrida por los hinchas por la abrupta partida del Muñeco se la hicimos pagar el nuevo cuerpo técnico durante un año. Ni haber ganado dos títulos pudo evitar un proceso de duelo que se resistía a llegar a la etapa final, a la aceptación de que el Muñe DECiDIO irse, considerando esa etapa como terminada. Cómo novia/o despechado hicimos pagar por el abandono a quien vino a ocupar ese lugar con un coraje a toda prueba, porque sabía lo que iba a enfrentar y porque muchos hinchas, aún, se empeñaban en vivir en el pasado. Aún así, soportando tanta histeria colectiva, el Micho sigue en su lugar sostenido por un deseo digno de admiración.

Los resultados no son ajenos a nuestras intenciones. Muchas veces somos tentados por el lado oscuro de la fuerza, gran oportunidad entonces para darle de comer a quienes quieren vernos derrotados. Mejor entonces seguir iluminados por los colores que nos unen.

Juntos a la par, hinchas y jugadores, hinchas y cuerpo técnico, hinchas, jugadores y cuerpo técnico, seremos triplemente poderosos.

Vamos por más.

TODOS CONTRA RIVER

Si, inclusive parte de su propia hinchada. Y pareciera ser contagioso, como una epidemia, digno de un contagio histérico (https://es.wikipedia.org/wiki/Contagio_hist%C3%A9rico).

Tiempos difíciles para el club, de críticas destructivas, de no tolerar procesos, de exigencias irracionales.

Todos contra el club, desde periodistas bosteros que se relamen con la situación (he escuchado editoriales donde piden respeto para nuestro DT al tiempo que dejan ver una mueca de satisfacción al estilo guasón) hasta periodistas sabelotodo que se llaman afines al club, y ni quiero pensar en aquellos traidores que filtraron la información que inició todo este tobogán al que se suben gustosos los enemigos de nuestra camiseta para ver hasta donde más podemos caer.

¿Tanto tenemos que pagar por ser los mejores? ¿Por haber alcanzado el logro máximo que un club argentino pudiera conquistar al ganar la tan deseada copa Libertadores al clásico rival en las circunstancias históricas en la que lo logramos, jugando inclusive fuera del país? ¿Por tener el mejor estadio? ¿Por tener la mejor formación para nuestros deportistas?

Intento hacer un análisis dejando por fuera las emociones, porque debo decir que esto que está pasando duele. Y lo que mas duele son los hinchas que se suben a todo esto, que no son mayoría, pero que les dan de comer a estos periodistas que generalizan diciendo que “el hincha de River está al borde del silbido y bla, bla, bla” como si intentaran separarnos a nosotros mismos como hinchada sembrando discordia.

Hay nuevas generaciones de hinchas y bienvenidos sean, ya que esto habla a las claras de lo inmenso que es este club. De como sigue funcionando la transmisión, a pesar de los cambios de paradigma, de los cambios sociales, esto parece el túnel del tiempo, rescatado de todo, eterno, siguiendo el camino blanco y rojo marcado por quienes nos antecedieron y nos dieron la bendición de pertenecer a esta hinchada y, a su vez, pasar la posta a los que nos siguen.

Pero estas generaciones, marcadas por el desarrollo tecnológico, tienen otras formas, otro aguante, otras maneras de comunicarse. Son generaciones presas de la inmediatez, la búsqueda de la satisfacción instantánea que da paso a la insatisfacción constante porque todo se diluye rápidamente. Así la baja tolerancia a la frustración, típica de la vida infantil, se ha extendido y nos encontramos con algunos adultos que no pueden esperar, que no pueden respetar procesos, que creen que la realidad tiene las mismas leyes que la virtualidad, un mundo de predominio de lo imaginario, del puro valor de la imagen, donde la palabra pierde consistencia. La omnipotencia surge como reemplazo de la fortaleza, una fórmula que no ayuda mucho a soportar los embates de la vida real.

He leído muchos jóvenes en redes sociales criticar salvajemente, despiadadamente, con una crueldad difícil de digerir, el proceso de cambio que viene transitando el club desde el fin de ciclo que significó la partida de Gallardo, un ciclo con inolvidables éxitos, pero también con sus fracasos. Hinchas razonables intentan hacer recordar que los inicios de ese ciclo también fueron difíciles, que tuvo sus altos y bajos, pero estos jóvenes no parecen dispuestos a escuchar.  Ni mucho menos a esperar, ¡ya! se tienen que ir todos, como si mágicamente cualquier reemplazo pudiera darles en un abrir y cerrar de ojos las satisfacciones que reclaman. “Si, que se vayan todos, y ¿a quien van a poner?” dice otro hincha en un nuevo intento de mostrarles que las soluciones rápidas tampoco sirven.

Hay un peligro, creo que real, y es que estos hinchas son susceptibles de ser manipulados, usados, para dañar o destruir al club. No quiero caer en teorías conspirativas, pero esto pasa en todos los ámbitos. Desconozco las internas políticas del club, pero imagino que habrá opositores a la actual dirigencia y son las reglas del juego destacar lo que hacen mal, pero hay formas y formas de hacerlo. Y, lo que es peor, caer en las redes de enemigos externos que no quieren a River, o lo envidian demasiado, o aspiran al poder que les puede dar una grandísima institución que mueve muchísimo dinero y, por cualquiera de estas razones, atacan al club para alcanzar sus objetivos. Aclaro que son suposiciones, no tengo ni tendré pruebas de esto.

Queridos hinchas, jóvenes hinchas, sin darse cuenta, inconscientemente, pueden empezar a desteñir, y no quisiera que fuera de azul y amarillo. Quieren bosterizarlos!! Despierten!! Un virus solo entra cuando bajan las defensas. Esta bien criticar, no acordar, pedir, hacer uso de sus derechos como hinchas, pero respetando, razonando y considerando al otro. Dejen trabajar, hay gente muy bien formada en el club, no se mimeticen con otras hinchadas, nosotros somos diferentes, demuéstrenlo!

En fin, somos hinchas del club más grande de la Argentina, cuidémonos entre nosotros. Cuidemos de este colectivo, que no nos desunan, que no nos rompan, porque somos el alma del club. Sin hinchas no hay club, unámonos siempre para que nunca se acabe esto que supimos construir, ser la mejor hinchada del mundo, y que los hijos de nuestros hijos sigan alentando al Glorioso River Plate.

¡Vamos por más!

Lesionados

Y si, se lesionó el Pity y nos lesionamos un poco todos el corazón.

Reconozco que al recibir la noticia me ganó el egoísmo, pensé en la mala suerte que tenemos, en qué medida esto perjudica los objetivos propuestos, si hará falta un refuerzo… hasta que pensé en el jugador y el momento difícil que estaría atravesando. Y también el equipo, ya que todo lo que afecta al ambiente que los rodea, afecta a los futbolistas.

Me pregunto que proceso debe enfrentar un jugador que sufre una lesión que lo deja fuera de las canchas medio año. En medio de una pretemporada importante, esperada, y declarando, apenas unos días antes, su ilusión de ganar su tercera copa libertadores con el club.

Me pregunto si cada lesión es un pequeño duelo, porque implica una pérdida, momentánea, las lesiones se recuperan, pero pérdida al fin. Entonces hay que hacer un trabajo de duelo.

En principio la pérdida que se enfrenta es la de una condición, la aptitud para realizar una tarea. Ya no está apto para jugar al futbol en este caso, por el tiempo que indiquen los médicos.

Si seguimos las etapas del duelo lo primero que surgiría frente a la noticia es la negación, como mecanismo de defensa, ya que nos da el tiempo para acomodarnos a la nueva realidad. Frases como “no puede ser”, “esto no me está pasando”, acuden en nuestra ayuda para calmar la revolución de emociones que nos inunda. Una vez que asimilamos la situación, la segunda etapa sería la ira, el enojo con lo que me pasa porque implica una gran frustración, ya que nadie puede cambiar esa realidad, nos embarga un gran sentimiento de injusticia, confrontamos con nuestra mala suerte. Después de una breve etapa de negociación con esta realidad que no quiero, vendría la etapa de depresión, reconocemos que no hay otra posibilidad y nos sumergimos en un bajón emocional, una fuerte tristeza porque la rutina ya cambia, no habrá entrenamiento, deberé enfrentar otras cosas, operaciones, rehabilitación, etc.

Hasta que finalmente llegaría la aceptación, acepto y asumo esto como lo que es y lo enfrento con la misma responsabilidad y garra con la que salgo a la cancha a jugar cada partido, con la que entreno para conseguir los objetivos.

Estas son solo hipótesis a las que arribo pensando que detrás de cada jugador hay un ser humano, aunque a veces se los trate como objetos de intercambio, en cuanto a su valor económico, su rendimiento o su capacidad.

Y como hinchas no tendríamos que perder esto de vista, porque para ello están los empresarios, las sociedades anónimas, los representantes, los poderosos.

Los hinchas nos dejamos llevar por el corazón, no perdamos eso en tiempos donde el amor queda cada vez más excluido de todo.

¡¡Fuerza Pity!!

El juego de las emociones

Sostengo que los hinchas somos como niños, nos dejamos llevar por el mar de las emociones descartando todo análisis razonable. Van y vienen los tsunamis arrasando con todo, sumergiéndonos en la ambivalencia afectiva, del amor al odio ida y vuelta sin solución de continuidad.

Asi un día el Diablito era la joya más prometedora del club y de pronto, apenas unos segundos bastaron, para mandarlo a cortar el pasto a Ezeiza. Y de llorar todos con la despedida de Enzo a condenarlo por alta traición si se va a jugar a Estudiantes de la Plata.

A todo esto, sumamos la búsqueda de culpables, porque siempre tiene que haber un culpable de nuestros vaivenes emocionales. Siempre es el otro, la dirigencia (que elige el socio), el cuerpo técnico, los jugadores. Como los niños, ni idea de lo que es la responsabilidad de nuestra elección, de nuestro vínculo afectivo con el club.

La responsabilidad de ser hinchas… ¿qué sería eso? Pues HACERSE CARGO de todo lo que implica.

Hacernos cargo de este vínculo amoroso, que como todo vínculo tiene sus altos, sus bajos, sus éxitos y sus crisis.

Hacernos cargo que no todas las etapas pueden ser iguales. Que los cambios hay que afrontarlos, porque no hay evolución sin cambios.

Hacernos cargo que perder, forma parte del juego. También las pérdidas de aquellos que fueron nuestros ídolos y eligieron irse.

Hacernos cargo de que el club no puede salvarnos siempre de nuestros problemas cotidianos.

Hacernos cargo que buscar culpables en el fondo no alivia, nos empantana. Otra cosa es pedir que cada actor en este juego asuma sus responsabilidades.

Hacernos cargo también de la felicidad que nos ha brindado este vínculo amoroso, que no todo son piedras en el camino, también disfrutamos de los buenos momentos que pueden llegar a ser gloriosos.

La vida continúa hacia el futuro.

Hagámonos cargo. Vayamos por más.

Futbol evolutivo

Como dice Jean Piaget, el niño no es un “pequeño adulto”. La evolución mental del niño y del adolescente se puede pensar como la construcción de un gran edificio, ladrillo sobre ladrillo, a través de distintas etapas evolutivas, que se van superando una vez alcanzado un equilibrio en cada una de ellas.

Asi, en cada etapa, se van adquiriendo habilidades en un proceso que, si bien depende de cada individuo, concluiría en la adolescencia, habiendo alcanzado ya el potencial para iniciar la vida adulta. Establecer el fin de la adolescencia en una edad determinada es un poco difícil y tiene que ver con el momento de la vida que llamamos “salida al mundo”, es decir, dejar la protección del ambiente familiar y escolar, para enfrentar las responsabilidades del mundo adulto solos, ya sea en la búsqueda del sustento propio mediante un trabajo o en el inicio de un estudio superior. Si el proceso está concluido, podremos afrontar esta nueva etapa.

Esto es lo que dice la teoría, por supuesto que dependerá de cada niño, de las circunstancias y ambiente que rodean su crecimiento, de su historia previa y del bagaje genético y afectivo de su entorno adulto. La herencia cuenta, no solo con relación al ADN sino también en cuanto a los conflictos familiares que le son transmitidos.

En esta semana se cargaron mucho las tintas sobre las declaraciones del Diablito Echeverri. Mucho se hablo de lo que dijo, pero poco sobre cómo lo dijo. La espontaneidad y la inocencia se dejaban ver claramente en sus expresiones. Estaba tan feliz con el hecho de haber sido titular y ganar la copa, que habló con una naturalidad envidiable, digna de un niño, sin cálculos ni previsiones sobre posibles consecuencias. Pero el mundo adulto, que no siempre tiene respeto por el proceso evolutivo de un adolescente, le abrió sus puertas de golpe, mostrándole crudamente una realidad de la que estaba siendo protegido para enfrentarla a su debido tiempo. Esto que tanto se menciona de “llevarlo de a poco” obedece  a eso, a que esa salida al mundo lo encuentre preparado mentalmente, aunque en cuanto a su capacidad de juego ya estuviera para brillar en primera.

Se aceleró el proceso, y no tengo dudas que el Diablito sabrá enfrentarlo. Estas cosas pasan, suelen presentarse situaciones que nos hacen crecer de golpe y la vida del deportista de elite no es nada fácil, están por lo general expuestos a quemar etapas.

Es importante que el club tome nota de esto y considere el desarrollo mental de un jugador desde sus primeras etapas tan importante como el desarrollo físico y de destreza en el juego.

Y nosotros como hinchas podríamos dejar de pretender que el club de nuestros amores nos alivie todo el tiempo de nuestras frustraciones y miserias cotidianas. Hay que saber ganar y hay que saber perder sin sumergirnos en la búsqueda de culpables que nos rescaten emocionalmente.

Respeto y coherencia son buenos aliados para ello.