
Como hincha del club más grande de la Argentina debo decir que las derrotas del clásico rival nos reconfortan.
No podemos refugiarnos en el “bien decir” o el “deber ser” que forzadamente nos impone una moral de la solidaridad con quienes se compraron la camiseta del Flamengo para bullyng-nearnos después de Lima. Eso jamás sucedió ni sucederá. Gran ejemplo de hincha es Enzo Fernandez, que aún con sus hermanos bosteros, sostuvo su dignidad riverplatense.
Pero hay un placer aún mayor: se cayó el velo, y la realidad que nosotros siempre vimos, y denunciamos, ahora está a la vista de todos. Una vez más, el “cabarét” típico de la identidad xeneize, reabrió sus puertas para dejar a la vista la repetición, aquello que no cambia si no estamos dispuestos a una verdadera transformación.
Una imagen sostenida en un discurso mentiroso tiene corta vida. O hablando en criollo, la mentira tiene patas cortas.
Y nada mas justo que ver a los periodistas que sostuvieron este relato, que colaboraron con el armado de este “jenga”, caer, derrumbarse, junto a esa última pieza que no encajó como se esperaba.
Se hizo justicia, y, en este caso, no hay apelación posible.
Tenemos motivos para celebrar. Y nuestro festejo es por la verdad.
Porque somos los mejores, somos la mejor hinchada del mundo.
Somos RIVER PLATE.
