
Tiritas pa este corazón partío… (tiritando de frío… como el equipo sin pasión que, aun así, venimos acompañando). Todo con la música de fondo de la canción de Alejandro Sanz, que nos sirve de expresión en estas horas de desazón post partido contra la academia.
La locura con la que se gritaron esos dos goles que habían dado vuelta el resultado no es lógico, salvo porque hacía mucho que eso no nos pasaba, tanto que lograron ilusionarnos, empresa casi imposible hoy, para después solo dejar transcurrir el tiempo sin defender lo logrado.
Algo evoca de ese partido del 2019. Algo, porque en aquellas épocas íbamos adelante y pagamos el costo de no defender el resultado. Pero hoy a no saber defender un resultado se suma el olvido de que, sea contra quien sea, un partido se sale a ganar.
No se ve el deseo de ganar en este equipo, pareciera ser que les gusta más la caída libre como deporte de riesgo.
Somos hinchas, los olvidados de siempre. Por los dirigentes, por la AFA, por los representantes y los negociados. Pero hay una excepción que hace a la regla: no por Gallardo. Gallardo siempre nos puso primero y da la cara por los hinchas. Y va a hacer todo lo posible para compensarnos por estos duros momentos.
Somos hinchas, y los hinchas aprendimos a ganar y también a perder. Pero estos son otros tiempos, donde el perder no es aceptado y la vara es Madrid, así que todo por debajo de eso es catastrófico. Hay una grieta, entre los hinchas de años de bancar la camiseta, e hinchas jóvenes que solo conocen el club ganador y no aceptan nada por debajo de eso. Hinchas que abandonan. Si, lamentablemente estamos asistiendo a una nueva raza de hinchas, los que abandonan por no saber perder. No están curtidos como los que ya tuvimos que tocar fondos en tiempos más oscuros que este. Las focas, como nos llaman por aplaudir nuestra historia, tenemos la piel y el alma a prueba de balas, y seguimos de pie. No somos perdedores, sabemos perder que no es lo mismo y sabemos que éxito y fracaso son las caras de una misma moneda. Así, después de jugar en una categoría que nadie deseaba, en solo un año volvimos y fuimos mejores. Y ahí estábamos, en canchas inimaginables, con jugadores y un director técnico que de cristal solo tenían la copa de champan con la que brindaron por el retorno.
Eso no nos impide preguntarnos qué pasa con nuestro amado y siempre respetado Muñeco. SIEMPRE RESPETADO por darnos las alegrías mas grandes e inolvidables. Se fue dejando un gran trabajo hecho y tal vez no supieron continuarlo. Y al volver se encontró con que hay que ponerse otra vez el overol porque de todo lo construido solo quedó la estatua. Y no es el miedo al trabajo, es el dolor por lo que no se supo valorar. Si alguien te da lo mejor de sí para construir algo y continuarlo, hacerle una estatua no es la mejor forma de agradecerle, la mejor forma es generar más aún. Cosa que evidentemente no paso (hablamos de futbol, no de infraestructura).
Si bien nuestro DT se muestra fuerte, da la cara y enfrenta lo que hay que enfrentar, tiene valores claros y sensibilidad. No lo conocemos en la intimidad, pero nunca olvido sus lágrimas después de ganar la Sudamericana a pocos días de la muerte de su madre, entrevistado por Titi Fernández, quien también atravesaba una pérdida muy dolorosa. Como él dice, hay que controlar las emociones, porque justamente las emociones están. Y él está luchando con eso en un momento donde hay que reconstruir lo destruido. Cosas que esta nueva raza de hinchas nunca entendería. Ellos solo quieren divertirse. No está mal, pero no se trata solo de eso. Se trata de no quedarse en la superficie, hay que profundizar, ver todas las aristas del problema, la vida no es lineal, no tiene una sola cara. Crezcan, aprendan a enfrentar el problema no a eliminarlo, porque vuelve y vuelve hasta que lo resuelvas. Lo único que se soluciona con el que se vayan todos es nuestra angustia. Y esa solución dura poco, volveremos a angustiarnos y nunca saldremos del círculo que nosotros mismos creamos.
No queda otra, hoy hay que bancar. Reconstruir lleva tiempo, un año y medio es poco.
Vamos por mas!
