Volvió River

Como psicóloga me interesa poner el foco en el análisis de los aspectos emocionales y psicológicos que encuentro, no solo en el funcionamiento del equipo, sino también en el funcionamiento de esta gran mente colectiva que formamos entre todos como hinchas.

En este primer partido después del receso por Copa América ví un cambio importante en el equipo, otro funcionamiento en cuanto a la forma de enfrentar la adversidad.

Dos veces el equipo estuvo en desventaja, y, a diferencia de lo que venía mostrando, no se cayó. Muy por el contrario, y en particular después del segundo gol en contra, cuando faltaban unos pocos minutos para la finalización del partido, el equipo mostrando cohesión y garra, salió a empatarlo y hasta pudo ganarlo, porque generó las situaciones para hacerlo.

Esto es muy importante, porque revirtió una imagen preocupante que se había instalado, la de un equipo impotente, frustrado, derrotado antes de tiempo cuando aún se lo tenía para seguir intentándolo. Un equipo dormido.

Sin dudas los refuerzos renovaron y trajeron nuevos aires. Aires de competencia, que forman parte del ADN del deportista de élite.

Despertó el equipo y eso solo puede traer alegría. 

Pero… Algo pasa con nuestra mente colectiva.

Leía a un periodista que dice identificarse con el club, cosa que no creo, decir que vio un equipo sin alma… Todo lo contrario! River recuperó su chispa divina, ese gol del empate faltando tan poco para el final habla de ello.

No sé que es lo que mueve a tantos hinchas a denigrar al equipo de una forma casi fuera de la realidad. Y a muchos periodistas deportivos que se llaman riverplatenses colaborando con ello.

Las emociones negativas, oscuras, han ganado un lugar dentro de nuestra mente colectiva, hemos enfermado, psicológicamente hablando. El ataque a nuestro DT ya tiene todas las características del bullying. Ya no somos la mejor hinchada del mundo, algo ha pasado. 

Las agresiones que recibimos aquellos que intentamos razonablemente apoyar el actual proceso son dolorosas. No parece que perteneciéramos todos a la misma comunidad.

Ya no tiramos juntos del mismo carro. Y lo peor es que no somos conscientes de que en este juego perdemos todos, porque está energía negativa llega al equipo.

Muchas veces elegimos sufrir cuando están dadas las condiciones para no hacerlo. Es más, se considera un buen resultado terapéutico aprender a no sufrir de más. Los que podemos ver el vaso medio lleno rescatamos siempre lo positivo, y no por ello dejamos de hacer críticas constructivas. Ojalá seamos mayoría.

Vamos por más!

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