
La frustración es una respuesta emocional, que puede oscilar entre la ira y la decepción, que surge cuando no podemos alcanzar un deseo, un objetivo, sobre el cual venimos trabajando.
Puede haber muchas respuestas a esta frustración. La ideal sería sobreponerse y volver a intentarlo, aprendiendo de la experiencia.
Un equipo deportivo trabaja toda la semana para alcanzar el objetivo de ganar en las competencias. Se gana, se pierde, forma parte del juego. Pero ¿Qué pasa cuando un resultado a favor se ve afectado por una injusticia? ¿Cómo enfrenta un equipo esta frustración?
Y en relación con esto hay una repetición en la que cae nuestro equipo, que me parece importante considerar.
Una repetición (la misma respuesta, la misma actitud) que se dio tanto en el último clásico, como en el partido por Libertadores que se jugó contra Nacional en Montevideo.
En ambos partidos aparece una injusticia, un error arbitral, o como quieran llamarlo, y la respuesta del equipo fue la misma: caerse frente a esta situación. Como si la forma de tramitar la frustración fuera la resignación.
Con el clásico rival nos pasó, que, después de ese gol mal anulado, el quipo parecía sin reacción, como si la frustración hubiera acabado con sus fuerzas. Y el rival, empujado por la energía que da haber zafado de un gol que hubiera sido difícil de remontar, supo aprovechar ese desconcierto.
Lo mismo pasó con Nacional en Montevideo. La falta cometida sobre Aliendro, de rojo carmesí, y el revuelo con piña incluida a nuestro querido chileno, otra roja más no cobrada, parece haber sumergido al equipo en una dimensión desconocida. No podíamos reconocer al grupo que había jugado un gran primer tiempo.
Frente a una situación injusta, inmerecida, que frustra, que afecta emocionalmente, pareciera que el equipo en vez de unirse, se disgrega. Cada uno mastica su bronca por separado, cabezas bajas, no se miran, no se hablan, parecen resignados a una suerte que no están dispuestos a cambiar. Son segundos, tal vez, pero que generan una desconcentración que es aprovechada por el rival para sumar mas frustración.
Puedo no estar en lo cierto, el equipo de psicólogos de un club como River está en el día a día del equipo, y sabrán evaluar mejor estas cosas. Pero hace falta fortaleza mental para afrontar esas situaciones. Tal vez trabajar con dos o tres jugadores, de más experiencia, para que estén advertidos de estas complicaciones y tengan la capacidad de rearmar al equipo en el momento de confusión. Palabras claves que oficien de despertador, que conozcan todos y que los ayuden a reencontrarse. Mirarse para sostenerse unos a otros y no caer en el aislamiento.
River sabe que debe enfrentar siempre a mas de un rival. Nivelar para abajo es la aspiración de aquellos que solo se dedican a envidiar.
¡Vamos por más!
