TODOS CONTRA RIVER

Si, inclusive parte de su propia hinchada. Y pareciera ser contagioso, como una epidemia, digno de un contagio histérico (https://es.wikipedia.org/wiki/Contagio_hist%C3%A9rico).

Tiempos difíciles para el club, de críticas destructivas, de no tolerar procesos, de exigencias irracionales.

Todos contra el club, desde periodistas bosteros que se relamen con la situación (he escuchado editoriales donde piden respeto para nuestro DT al tiempo que dejan ver una mueca de satisfacción al estilo guasón) hasta periodistas sabelotodo que se llaman afines al club, y ni quiero pensar en aquellos traidores que filtraron la información que inició todo este tobogán al que se suben gustosos los enemigos de nuestra camiseta para ver hasta donde más podemos caer.

¿Tanto tenemos que pagar por ser los mejores? ¿Por haber alcanzado el logro máximo que un club argentino pudiera conquistar al ganar la tan deseada copa Libertadores al clásico rival en las circunstancias históricas en la que lo logramos, jugando inclusive fuera del país? ¿Por tener el mejor estadio? ¿Por tener la mejor formación para nuestros deportistas?

Intento hacer un análisis dejando por fuera las emociones, porque debo decir que esto que está pasando duele. Y lo que mas duele son los hinchas que se suben a todo esto, que no son mayoría, pero que les dan de comer a estos periodistas que generalizan diciendo que “el hincha de River está al borde del silbido y bla, bla, bla” como si intentaran separarnos a nosotros mismos como hinchada sembrando discordia.

Hay nuevas generaciones de hinchas y bienvenidos sean, ya que esto habla a las claras de lo inmenso que es este club. De como sigue funcionando la transmisión, a pesar de los cambios de paradigma, de los cambios sociales, esto parece el túnel del tiempo, rescatado de todo, eterno, siguiendo el camino blanco y rojo marcado por quienes nos antecedieron y nos dieron la bendición de pertenecer a esta hinchada y, a su vez, pasar la posta a los que nos siguen.

Pero estas generaciones, marcadas por el desarrollo tecnológico, tienen otras formas, otro aguante, otras maneras de comunicarse. Son generaciones presas de la inmediatez, la búsqueda de la satisfacción instantánea que da paso a la insatisfacción constante porque todo se diluye rápidamente. Así la baja tolerancia a la frustración, típica de la vida infantil, se ha extendido y nos encontramos con algunos adultos que no pueden esperar, que no pueden respetar procesos, que creen que la realidad tiene las mismas leyes que la virtualidad, un mundo de predominio de lo imaginario, del puro valor de la imagen, donde la palabra pierde consistencia. La omnipotencia surge como reemplazo de la fortaleza, una fórmula que no ayuda mucho a soportar los embates de la vida real.

He leído muchos jóvenes en redes sociales criticar salvajemente, despiadadamente, con una crueldad difícil de digerir, el proceso de cambio que viene transitando el club desde el fin de ciclo que significó la partida de Gallardo, un ciclo con inolvidables éxitos, pero también con sus fracasos. Hinchas razonables intentan hacer recordar que los inicios de ese ciclo también fueron difíciles, que tuvo sus altos y bajos, pero estos jóvenes no parecen dispuestos a escuchar.  Ni mucho menos a esperar, ¡ya! se tienen que ir todos, como si mágicamente cualquier reemplazo pudiera darles en un abrir y cerrar de ojos las satisfacciones que reclaman. “Si, que se vayan todos, y ¿a quien van a poner?” dice otro hincha en un nuevo intento de mostrarles que las soluciones rápidas tampoco sirven.

Hay un peligro, creo que real, y es que estos hinchas son susceptibles de ser manipulados, usados, para dañar o destruir al club. No quiero caer en teorías conspirativas, pero esto pasa en todos los ámbitos. Desconozco las internas políticas del club, pero imagino que habrá opositores a la actual dirigencia y son las reglas del juego destacar lo que hacen mal, pero hay formas y formas de hacerlo. Y, lo que es peor, caer en las redes de enemigos externos que no quieren a River, o lo envidian demasiado, o aspiran al poder que les puede dar una grandísima institución que mueve muchísimo dinero y, por cualquiera de estas razones, atacan al club para alcanzar sus objetivos. Aclaro que son suposiciones, no tengo ni tendré pruebas de esto.

Queridos hinchas, jóvenes hinchas, sin darse cuenta, inconscientemente, pueden empezar a desteñir, y no quisiera que fuera de azul y amarillo. Quieren bosterizarlos!! Despierten!! Un virus solo entra cuando bajan las defensas. Esta bien criticar, no acordar, pedir, hacer uso de sus derechos como hinchas, pero respetando, razonando y considerando al otro. Dejen trabajar, hay gente muy bien formada en el club, no se mimeticen con otras hinchadas, nosotros somos diferentes, demuéstrenlo!

En fin, somos hinchas del club más grande de la Argentina, cuidémonos entre nosotros. Cuidemos de este colectivo, que no nos desunan, que no nos rompan, porque somos el alma del club. Sin hinchas no hay club, unámonos siempre para que nunca se acabe esto que supimos construir, ser la mejor hinchada del mundo, y que los hijos de nuestros hijos sigan alentando al Glorioso River Plate.

¡Vamos por más!

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