
Un síntoma que caracteriza los trastornos de ansiedad es la preocupación, una preocupación constante y difícil de controlar.
Pre-ocupación, ocuparnos anticipadamente, de algo que todavía no sucedió, que podría pasar, pero también no, adelantarnos en el tiempo a los hechos, lo cual es una empresa imposible. Por eso también se dice que la ansiedad es un “exceso de futuro”.
Estamos constantemente adelantándonos: despedimos a Enzo Perez en el partido contra Huracán cuando el jugador no había comunicado, ni aún lo hace estando casi a fin de año, su decisión de quedarse o irse del club. Lo despedimos y hay un 50% de posibilidades de que se quede. Y ahora resulta que el diablito Echeverri se va al Barcelona, cuando no hay ninguna comunicación oficial que sostenga esto. En esto de ser periodistas del futuro, nos olvidamos de que la vida se construye hoy.
Entonces vivimos preocupados, si se va un jugador hay que pensar en quien va a reemplazarlo, y si el diablito no firma la dirigencia tiene que renunciar e irse por ineptos. Y asi vamos alimentando también las fake news. Junto con la ansiedad se va también la verdad, la perdemos de vista.
Palabras como paciencia, tolerancia, espera, consideración, van desapareciendo de nuestros diccionarios. Y son reemplazadas por apuro, aceleración, anticipación, intolerancia.
El tiempo, al menos en la dimensión que vivimos, es lineal e implacable. Sigue su curso. Los procesos son procesos, se extienden necesariamente en el tiempo, no pueden empezar y concluir en el mismo instante.
Tendríamos que poder darnos tiempo, pero a nosotros mismos. Tal vez no se trata de darle tiempo al otro para que decida, para que demuestre, para que nos complazca. Se trata de darnos el tiempo necesario para respetar los procesos, propios y ajenos. Y hasta, quien diría, podría ser el mejor remedio para la ansiedad.
