Tiempos de incomodidad

Seguramente nos ha pasado de contar con pocas sillas en una reunión y que, al compartir con otros, nos toque sentarnos repartiéndonos entre dos sillas.

Vaya incomodidad, pero, si estamos donde queremos estar, con la gente que queremos estar, todo se puede sobrellevar poniéndole garra y paciencia. Hasta que todo se vaya acomodando, y se libere esa silla que nos permita relajarnos un poco.

La realidad es que todavía no podemos sentarnos cómodamente, el tiempo de la relajación no llega. Pero asi son los procesos de cambio, cuando estamos dejando lo viejo y empezamos a transitar lo nuevo, la sensación que acompaña, casi siempre, es la de incomodidad.

Empezamos a pensar en lo que dejamos, a extrañarlo, a creer que todo tiempo pasado fue mejor, cuando sabemos que ya se terminaba y no quedaba otra opción que afrontar lo nuevo.

Y esto nuevo que no me termina de convencer, que aun no entiendo…

No entiendo como este nuevo DT piensa los partidos, qué quiere hacer, adonde quiere llegar. Si está queriendo plasmar algunas ideas que aún no comprendemos, que aspiran a revolucionar el campo de las tácticas y estrategias que comúnmente se plantean en un campo de juego.

Convengamos que está todo escrito, que nadie sale de esquemas de distribución ya conocidos y que las diferencias o lo novedoso se juega en el planteo del partido según el rival de turno.

Pero la creatividad no tiene límites y está bueno que aparezca alguien que se atreva a desafiar lo establecido. ¡Una oveja negra por favor!  Al fin y al cabo, las ovejas negras son las únicas que pueden cambiar el mundo, por eso son tan incomprendidas, las mandan al psicólogo y si es posible las medican para que no molesten. Son los diferentes.

Puede ser una expresión de deseo, pero solo el tiempo puede decirnos si estamos frente a una oveja negra o una blanca teñida. Un tiempo prudente que no responda a análisis a la ligera.

Elijamos esperar. No nos dejemos llevar por las urgencias impuestas por periodistas que desean vernos derrotados, ni por internas políticas, ni por impulsos emocionales que nos llevan a pedir la cabeza de aquel que no hace lo que consideramos que debería hacer.

En mi caso, como hincha, prefiero hacer la apuesta y elegir esperar, siempre habrá tiempo para pedir disculpas, reconocer errores y aceptar equivocaciones. Pero si actuamos precipitadamente, y, aceleramos procesos, nunca sabremos lo que hubiera podido ser.

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