¿Somos melancólicos?

Comencé a escribir este blog con la idea central de descubrir cómo somos como hinchas del club más grande de la Argentina. Cómo es nuestra personalidad hincha, como funciona esta mente colectiva que construimos entre todos.

Con motivo de cumplirse un año del cierre de “una historia hermosísima” que tuvimos la suerte de vivir, y al percibir el dolor que aún se manifiesta en muchas de las publicaciones que recuerdan el hecho, surge en mi alguna que otra pregunta.

Estimo que un año es un tiempo prudente para procesar un duelo, diría casi que es un tiempo mínimo y necesario, porque debemos atravesar cada fecha significativa que nos evocará esa pérdida y la ausencia que implica.

Pero esto no es una regla que podamos universalizar. Siempre dependerá de nuestra forma de procesar las vivencias y del impacto que provocó esa pérdida en nuestras vidas.

En un duelo siempre se juegan dos vacíos: el vacío que deja en nosotros ese ser que se fue, que ya no está, y el vacío que deja ese lugar que ocupábamos para el otro, que nos daba en su vida y que ya no tendremos.

¿Qué lugar nos daba Gallardo como hinchada? ¿Nos daba un lugar único, diferente? ¿Había un diálogo distinto entre él y nosotros? ¿Pudo tener él la capacidad de generar otro tipo de comunicación? Es posible, creo que nunca se pensó, en su función de DT, sin nosotros.

Cuando se va alguien que nos entiende tanto, y a quien supimos comprender tanto, es probable que estemos un poco perdidos.

Son situaciones únicas, irrepetibles. Como Madrid.

Pero la extensión en el tiempo de un proceso que, necesariamente, tiene que concluir, puede conducirnos a la melancolía. Y ahí ya estamos en un terreno enfermizo.

Quedarnos aferrados a lo irrepetible (y esto incluye Madrid, ya hablaremos de ello), nos deja sin porvenir. No hay nada más. No hay nadie más. De ahí a entregarnos a la pulsión de muerte, solo es cuestión de tiempo.

Como seres humanos vivientes estamos convocados a sostener la vida. A relanzar una y otra vez nuestra historia, buscar nuevos caminos, nuevos desafíos, ser los conductores de nuestro destino. Construyendo sobre lo ya hecho, creando nuevas construcciones. Afianzados en lo realizado, pero sin dejar de avanzar.

Que no suene utópico, es posible.

Hay mucho por crecer, por construir y por merecer. Y seguramente el Muñe desea lo mismo para el club y para toda la comunidad riverplatense.

Tenemos un presente que nos pide el mismo protagonismo, el mismo acompañamiento. No dejemos que se escape.

Nuestro tiempo es hoy. ¡Vamos por más!

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