
Es muy difícil, a veces, no mirar lo que hace el vecino. Mucho más si tenemos alguna rivalidad, por cualquier razón que sea.
Aquello que deseamos conseguir con todo nuestro ser y, resulta que el vecino lo alcanza, y a nosotros nos toca esperar. Porque no hicimos las cosas muy bien, porque la suerte se fue con el vecino, por lo que fuere.
Entonces surge la bronca, el enojo y eso se transforma en dolor y el dolor en sufrimiento. Y el sufrimiento en detención porque nos olvidamos de nuestro proyecto, de seguir trabajando en él, de las otras metas a conseguir, también importantes para darle sentido a nuestra existencia. Para construir un camino distinto al del vecino. Porque somos diferentes, tenemos otra forma de llegar.
Nos olvidamos de todo por mirar lo que hacen los otros, tomados por emociones negativas que no le hacen daño más que a nosotros mismos.
Hay cuestiones que son inevitables, no podemos no mirar. Pero sí podemos darle menos tiempo, menos lugar y menos importancia al rival innombrable y volver rápidamente a enfocarnos en lo nuestro. Porque nadie puede hacer nuestra parte por nosotros.
No podemos meternos en la mente del otro para forzar una equivocación, pero si podemos trabajar en nuestra mente para alcanzar los objetivos que nos propusimos.
Como hinchada nuestra mente es poderosa y es un jugador más que NO puede jugar en contra de si mismo, de su propio club, de su propio equipo. Entonces pongamos nuestra energía en superar los obstáculos, dejarlos atrás, y avanzar decididos, confiados y alegres hacia nuestros objetivos.
