Se viene el clásico, y tenemos que pensar como jugamos como hinchada.
Nuestra mente colectiva debe hacerse aún más grande, mas fuerte, mas convencida.
Sin dudas somos un mar de emociones. Cada uno con lo suyo, algunos esperando, palpitando, transpirando; otros confiados y tranquilos. Otros elevando al cielo sus plegarias para que ilumine al técnico y al equipo. Y otros también temerosos, esperando lo peor, porque es difícil soportar la etapa de incertidumbre que venimos atravesando, y, cuyos responsables, deberían dejar atrás, para unirse y salir a la cancha como un solo cuerpo.
Aún así, hagamos nuestra parte. Unámonos también en una sola mente, en una sola emoción. Juguemos nuestro partido. Que todo sea rojo y blanco, que todo sea River Plate, que todo sea alegría. Sin miedos, porque la energía del miedo tiñe todo rápidamente. Con confianza. Con grandeza. Sin que nos importe el adversario, primero nuestro equipo, después todo lo demás.
